Dos niñas que fueron secuestradas y violadas. Una murió y la otra sobrevivió. El victimario de la sobreviviente quedará impune.

Una sociedad que se defina a si misma como democrática y apegada a las leyes, no puede aplicar la justicia de manera diferenciada ni sesgada. Ante la ley todos deben ser iguales, independientemente de la naturaleza o condición social de quien se desmarque de las normas para convertirse en un delincuente.

Legítima y justa es la reacción nacional de indignación por el secuestro, violación, tortura y posterior asesinato de la niña Yuliana Samboní a manos del salvaje Rafael Uribe Noguera quien seguramente será condenado a 60 años de prisión, razón por la que jamás volverá a ver la luz del sol en un lugar distinto a la cárcel en la que será confinado.

Está muy bien que la sociedad se solidarice con la familia de la víctima y vuelque toda su ira hacia el victimario demandando justicia pronta y efectiva contra él. Cero compasión y cero solidaridad con Uribe Noguera y aquellos miembros de su familia que le ayudaron a encubrir durante algunas horas el crimen.

Pero causa extrañeza que la reacción solidaria no sea la misma frente a la tragedia que padeció Yineth Trujillo, una niña que desertó de las filas de las Farc luego de haber sido llevada a uno de los campamentos terroristas contra su voluntad.

Yineth fue reclutada cuando tenía 12 años en la zona de despeje que Pastrana le otorgó a la guerrilla de las Farc. Una vez pudo escapar de las garras de sus esclavizadores, narró con detalle los vejámenes a que fue sometida durante los 8 años que tuvo que estar en el frente 3 de las Farc, estructura adscrita al bloque comandado por alias Fabián Ramírez.

Según su relato, fue reclutada en el año 1998 en su casa ubicada en el corregimiento Remolino Alto Orteguaza, departamento del Caquetá. Aquel día empezó el peor de los infiernos para ella.

Fue abusada sexualmente en múltiples ocasiones. “Desde que ingresé a los 12 años a las Farc, empecé a ser violada por los mandos del frente 3”, narró hace algunos meses Yineth Trujillo.

Según la víctima, es “normal” que en el interior de las Farc violen a las niñas. Ella no duda en afirmar que fue reclutada para ser utilizada como esclava sexual.

Cualquier persona con un mínimo de sentido común concluiría que quienes abusaron de Yineth merecen un castigo similar al que se le va a imponer a Rafael Uribe Noguera, violador y asesino de Yuliana Samboní.

Pero no va a ser así. Por cuenta del acuerdo de paz, los abusadores de Yineth, empezando por alias Fabián Ramírez quedarán impunes en todo el sentido de la palabra.

Ramírez, por ejemplo, no sólo se salvará de repsonder por los delitos que cometió en Colombia –incluido el reclutamiento y esclavización con fines sexuales de Yineth Trujillo- sino que, además, no será extraditado a los Estados Unidos, donde es acusado de haber enviado a ese país más mil toneladas de cocaína -sobre su cabeza pesa una recompensa de $2.5 millones de dólares, ofrecida por el Departamento de Estado-.

En aras de construir la paz, los delitos de tipo político como la rebelión, el porte de armas y el uso de insignias y prendas que son de uso exclusivo de la Fuerza Pública pueden ser beneficiados con amnistía e indulto, según sea el caso. Pero, los demás crímenes, sobre todo aquellos que son de lesa humanidad, como el reclutamiento forzado de menores de edad necesariamente deben ser castigados.

Una paz no puede ser ni estable ni duradera al hacer creer que las atrocidades que al interior de las Farc le hicieron a Yineth Trujillo son “delitos políticos” y que se cometieron como una consecuencia de la “rebelión” que la guerrilla declaró contra el Estado colombiano.

Los victimarios de Yineth y de Yuliana deben ser merecedores del mismo castigo penal, pero sobre todo del mismo repudio social. ¿Cómo entender que mientras Rafael Uribe Noguera merecidamente se pudrirá en una cárcel, el determinador de las múltiples violaciones que le hicieron a Yineth, José Benito Cabrera alias Fabián Ramírez no pagará ni un minuto de cárcel y quedará habilitado para ser congresista, ministro o presidente de Colombia?

¿Acaso ese es el elevado precio que tiene que pagar nuestra sociedad para que Santos pueda suscribir un acuerdo con una banda terrorista de 5 mil hombres para justificar ante el universo que el Nobel de Paz que le fue entregado sí tenía algún tipo de sustento fáctico?

@IrreverentesCol