En cada crisis que vivimos los bogotanos terminamos expuestos al mismo modus operandi de la alcaldesa; Claudia, como si fuese un personaje de comedia del recordado Roberto Gómez Bolaños, siempre monta un sainete en el que “así como dice una cosa dice otra …”

Su estrategia es simple: generar, a cualquier costo, titulares y likes para hacer la agenda de la opinión pública y, ocultar con ello, el desgobierno en el que tiene sumida a Bogotá. 

Los ejemplos abundan y ya no nos sorprenden; en medio de una de las situaciones más difíciles que hemos vivido en la ciudad: las violentas protestas surgidas por el asesinato de Javier Ordoñez a manos de unos policías que deshonran el uniforme – hecho deleznable que fue el detonante para sumir a  Bogotá en el caos y el terror -, la señora Alcaldesa salió vociferante a acusar a la Policía Metropolitana de no hacerle caso, de no seguir sus instrucciones y de paso, inoculó el distractor de las supuestas ordenes superiores, para acusar a la Policia del supuesto uso ilegítimo de armas de fuego en esa cruenta noche.

Su feroz ataque a la institucionalidad, que enlodó a toda la Policía, servía para tender una cortina de humo y un manto delincuencial en contra de todos los uniformados y disimular la nula asunción de sus deberes constitucionales y legales que, como máxima autoridad de policía, debió haber ejercido el fatídico miércoles 9 de septiembre.

Claudia, pese a haber estado con toda la cúpula de las Fuerzas Armadas en el Puesto de Mando Unificado, en el que en vivo y en directo, observaba a la ciudad ardiendo, no hizo nada para reasumir el control de Bogotá.

Días después, en el interior del recinto del Concejo y cuando la Policía nos había mostrado a varios concejales, a los medios y a la opinión pública, la realidad de lo ocurrido el 9 de septiembre, Claudia cambió el discurso, lo atemperó y decidió reconocer que hubo vandalismo y delincuencia y que la Policía no había sido una rueda suelta en el Estado de Derecho.

Las actuaciones de Claudia no pararon ahí; una vez enlodada la Policía buscó enlodar al Presidente y con la ciudad aún caldeada, se inventó un sainete cabalgando sobre la siempre muy rentable excusa de estar reivindicando a las víctimas, cuando en realidad lo que hizo, fue instrumentalizarlas para llamar la atención de los medios y de la opinión.

Claudia montó un show que tuvo como telón la plaza de Bolivar, su objetivo era lograr la imagen de una silla vacía con el nombre del Presidente para seguir distrayendo a la opinión pública, crear culpables para que una sociedad -justamente indignada- encontrase una vía de escape que vertiese sus sentimientos en contra del gobierno nacional.

Días antes, su secretario de Gobierno, el figurín de los tenis, ya había intentado hacer un montaje similar en el recinto del concejo, que al igual que el que haría su jefa días después en la Plaza de Bolívar, quedó grabado en vídeo y el País entero se dio cuenta de las infantiles trampas que, por supuesto, los dejaron desnudos con sus jugaditas.


Claudia, en medio del desazón ciudadano, clamaba a voz en cuello que en las protestas sólo había ciudadanos indignados; posteriormente, cuando los destrozos, los desmanes, los cientos de buses y CAIs ardientes dejaron pruebas de lo contrario, tuvo que reconocer que no pueden ser más que manos criminales las que incendiaron Bogotá.


La alcaldesa se desgañita diciendo que no hubo infiltración de la guerrilla en la violenta toma de Bogotá y al mismo tiempo, el inútil secretario de seguridad, Hugo Acero; que por cierto, brilló por su ausencia en plena crisis, salió a contradecirla, a reconocer lo inocultable: que sí hubo células guerrilleras actuando en los actos criminales que pretendían incinerar a la Policía y destruir la ciudad.

A Claudia y a su gobierno no podemos creerle porque giran al vaivén del viento que más les convenga; Claudia no está gobernando, ella simplemente trabaja para que brille su nombre en titulares y se satisfaga su infinita arrogancia.

En los pasillos del Palacio Liévano sus temerosos subalternos han entendido en medio de gritos y altisonancias   que, si algo sale bien, hay que comunicar de inmediato que fue idea de Claudia y que si algo sale mal, hay que buscar a los culpables en el gobierno nacional porque ella, Claudia, nunca se equivoca.

En su mundo solo reina ella, la infalible; mientras tanto, Bogotá, de su mano, es el teatro destinado a repetir una sola obra: Yo Claudia.

Coda: Me opondré con todo lo que esté a mi alcance a que el Congreso de la República declare legal el uso de la marihuana recreativa. Nuestros niños y jóvenes no pueden estar expuestos a semejante adefesio. Le pediré a los congresistas de mi partido que no patrocinen ese esperpento que traiciona nuestros ideales y los del País.

@JcolmenaresE

Publicado: septiembre 20 de 2020