La reciente visita a la Casa Blanca de la valiente Lilian Tintori, esposa del líder opositor venezolano Leopoldo López, detenido y psicológicamente torturado por el régimen narco-comunista de Maduro desde hace más de tres años, quedó históricamente registrada en fotografías y videos que fueron masivamente compartidos por las redes sociales.

Las imágenes muestran a la bella heroína de la democracia patriota, en compañía del presidente Donald J. Trump, el vicepresidente Mike Pence y el senador Marco Rubio, tras breve pero productiva reunión política. Nuevos vientos, esta vez huracanados, se aproximan.

Conocer de primera mano los vejámenes a los que se ha visto sometido el pueblo venezolano, escuchar el testimonio de una mujer que ha sido irrespetada, calumniada y vituperada por las sanguijuelas que hoy rigen los destinos del país hermano, así como recibir respuestas precisas a las muchas preguntas que deben estar rondando en las cabezas de los líderes del gobierno estadounidense, con relación a los acontecimientos que afectan la vida de los más de 30 millones de ciudadanos que habitan la tierra que vio nacer a Bolívar, con seguridad, son hechos que se verán reflejados en una acción diplomática contundente desde Washington, en favor de quienes queremos que regrese la Democracia a todo el continente.

La señora Tintori no se quedó callada. Habló fuerte y claro: con lujo de detalles, dio a conocer, una por una, las violaciones permanentes a los derechos humanos, la inseguridad asfixiante, el hambre, la miseria, la falta de garantías mínimas que padece su patria todos los días; de igual modo, pudo compartir información relevante sobre el modus operandi del poderoso cartel de los soles y los vínculos que existen entre el castro-chavismo y las Farc, a propósito de su participación dentro de la industria del narcotráfico global. A todas luces, factor que desencadenará una nueva era en las relaciones de los Estados Unidos con el continente, y muy especialmente, con Colombia.

No es buena noticia para el gobierno Santos, porque detrás de tan importante encuentro, con el auspicio de líderes republicanos muy bien documentados, están hechos que afectarán el apoyo de los Estados Unidos en el proceso de paz habanero.

El famoso “Peace Colombia” se revisará, y el dinero que está destinado a la reinserción cambiará de destino. A la administración Trump le preocupa la manera como se dispararon los cultivos de coca en nuestro suelo, y cómo regresamos a lo alto del pódium como primer productor de coca del planeta. Aquí no tenemos nada que celebrar.

En consecuencia, todo lo que están pidiendo Timochenko y sus camaradas, es decir, lo que quieren las Farc, será una vil quimera, mientras el magnate neoyorquino sea el que firme el cheque. Que nos quede bien claro: en Washington tan vetusta pero poderosa guerrilla, hoy no es vista como un actor político sino como una organización de traficantes de cocaína, peligrosos agentes en la destrucción social y moral de millones de familias estadounidenses.

Pasados los escándalos de corrupción que por estas fechas sacuden los medios de comunicación colombianos, preparémonos para una temporada de frialdad y de rigor diplomático, donde ningún esfuerzo que haga el gobierno colombiano podrá disipar la preocupación de Trump y su equipo de asesores frente al problema central de la Paz: el narcotráfico de las Farc y sus tentáculos continentales.

Con todo respeto: ¿Cuál es el plan B del Nobel, cuando lo que se viene en términos de paz, es una revisión, letra por letra, de lo que se ha pactado con las Farc? ¿Qué papel jugarán Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana Arango en las nuevas relaciones de Estados Unidos con Colombia? ¿Cuántos representantes de la izquierda colombiana entrarán en la lista Clinton, una vez se descubran sus vínculos con las Farc en el negocio de la droga? (¡Piedad, por favor, tengan piedad de ellos…!)

Es mejor no ofrecer ninguna excusa que una mala.” (George Washington).

@tamayocollins

Publicado: febrero 22 de 2017