Resultaba insoportable la actitud cómplice y bonachona del gobierno de Juan Manuel Santos frente a la dictadura venezolana a cuyos dirigentes él calificó como sus nuevos mejores amigos.

La canciller de entonces, María Ángela Holguín no podía observar una actitud de fortaleza frente a Maduro habida cuenta de su íntima amistad con el tirano venezolano.

Ante esa realidad, Colombia estaba en el peor de los mundos, alineado con regímenes nauseabundos como el de Bolivia, Cuba y Nicaragua, los únicos que respaldaban ciegamente al tirano de Venezuela.

Una de las grandes propuestas de la campaña presidencial uribista era, precisamente, la de endurecer la posición de nuestro país frente a la satrapía mafiosa, criminal y corrupta del vecino país.

Y no eran palabras. Una vez posesionado como canciller de la República, el doctor Carlos Holmes Trujillo anunció que mientras en Venezuela no se reestableciera el orden democrático, nuestro país no enviará embajador. Acto seguido, procedió a denunciar el tratado por medio del cual Colombia ingresó a UNASUR, iniciando así el proceso para nuestro retiro de ese organismo creado y diseñado para encubrir las arbitrariedades de los regímenes adscritos al nefando socialismo del siglo XXI.

Pero la definición del gobierno respecto del tema venezolano es absoluta. El canciller Trujillo se convirtió en uno de los ministros de relaciones exteriores más activos del denominado grupo de Lima, centro en el que se ha discutido a fondo la situación que se vive en Venezuela.

Cuando apenas comenzaba el año, los cancilleres decidieron desconocer la legitimidad del gobierno de Maduro una vez tome posesión para su segundo mandato.

Nadie puede dudar que Venezuela es una dictadura y los gobiernos de la región están en la obligación de proceder en consecuencia. Lastimosamente, México –hoy gobernado por el populista de extrema izquierda, Andrés Manuel López Obrador- se apartó la declaración adoptada por todos los ministros de la región.

Así las cosas, Maduro solo ha sido reconocido por Bolivia, Nicaragua, Cuba, México, Corea del Norte e Irán.

En el orden interno, el canciller Trujillo evalúa detenida y profundamente qué otras medidas habrá de adoptarse contra el régimen entronizado al oriente de la frontera.

Procede que nuestro país evalúe prohibir el ingreso de funcionarios al servicio de Maduro a nuestro territorio y se adelante una persecución contra los bienes y cuentas bancarias que esos facinerosos puedan tener en Colombia.

A las dictaduras no se les puede enfrentar únicamente con discursos y notas de protesta. Era urgente que Colombia endureciera su posición. Así lo demandaban los ciudadanos y el presidente Duque y su ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Holmes Trujillo, han estado a la altura de las circunstancias.

Las amenazas y bravuconadas de Maduro no asustan. Por el contrario, aquellas delatan el pánico que siente el sátrapa cada vez más aislado y sin apoyos políticos reales.

Colombia, que durante la era Santos alcahueteó todas las monstruosidades de Chávez y Maduro, ahora bajo el mando de un gobierno uribista ha retomado el camino y se está empleando a fondo para ayudar a que Venezuela recupere de una vez y para siempre la libertad democrática.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 10 de 2019