La victoria del NO en el plebiscito del domingo pasado es fácilmente una de las sorpresas más increíbles jamás vistas en la política colombiana. Confieso que estaba totalmente convencido que el voto iba a salir 60% por el SÍ versus el 40% del NO. Y que quede claro que yo soy del NO. 

Pero el pueblo se decidió por el NO. La coalición del SÍ no podrá nunca argumentar que el NO ganó por compra de votos o cuestiones similares, porque, entre otras cosas, el NO tuvo cero financiación, por lo menos comparado con el SI, que gastó miles de millones en publicidad. Y valga decir que la publicidad estuvo muy buena. Por ejemplo, ese comercial de la niña que nacería el 3 de Octubre, el “primer bebé de la paz”, casi que me obliga a cambiar mi voto. 

Muchas personas del SÍ argumentan que el voto se perdió porque la gente en Colombia es muy ignorante. Es un hecho que mucha gente que votó por el NO, así como mucha que voto por el SÍ, es muy ignorante. Pero existe una gran diferencia entre los dos campos. La campaña del NO siempre buscó que la gente leyera las famosas 297 páginas del acuerdo, entre otras porque los que leímos el documento encontramos cosas muy difíciles de digerir. La campaña del SI fue totalmente diferente. La campaña del SI no fue una campaña basada en la razón, sino una campaña de “esperanza” de “todo puede ser mejor”. Es tan cierto lo que digo, que uno de los mayores proponentes del SÍ, el periodista y politólogo Hector Riveros, escribió una columna de opinión en la que específicamente pedía que la gente NO leyera los acuerdos porque no los iba a entender, y entonces se arriesgaba el voto por el SÍ. 

Políticamente hablando, la derrota del santismo es una buena noticia para el uribismo y para el vargasllerismo. En mi opinión, estas dos fuerzas son las que mejor posicionadas quedan mirando al 2018. Es un secreto a voces que el vicepresidente Vargas Lleras no es un amigo de este proceso, porque, seamos sinceros, Vargas Lleras y Uribe tienen una ideología idéntica sobre la forma como se debe tratar al crimen organizado, mejor dicho, sobre la forma como se debe lidiar con los terroristas de las Farc. 

Mirando la cuestión económica, el futuro de la calificación crediticia de Colombia ahora va a depender de la capacidad política que tenga la administración Santos de lograr la aprobación de una reforma tributaria decente. Claramente después de la derrota del domingo pasado, el presidente Santos queda políticamente malherido. Sin embargo, la ecuación de ahora es diferente a la de hace unos meses. Ya hoy el presidente Santos no tiene mucho que perder, y en cambio el vice presidente Vargas Lleras sí, en caso de que la reforma tributaria colapse en el Congreso. La realidad para el Centro Democrático es similar, porque el CD también quiere volver a la Casa de Nariño, y claramente sería mucho más benévolo para el uribismo llegar de nuevo al poder en un país que tiene acceso a dinero barato en los mercados internacionales. Mejor dicho, mi escenario base continúa siendo uno donde los intereses individuales de las diferentes fuerzas políticas se conjugan al final, pero solo por cuestión de simple pragmatismo electoral.  

A diferencia de la gran mayoría de mis colegas analistas, considero que el voto del NO es una buena noticia para Colombia. Los colombianos no votaron en contra de la paz, votaron en contra del cinismo del señor Timochencko, quien se sentía como en concierto de Carlos Vives en Cartagena hace unos días, tomándose “selfies” con la gente como si él fuera “el sabor del día”. No todo puede valer en una sociedad, y menos aún la violencia como instrumento político. Para mí el voto del NO es un claro mensaje de que “el crimen no puede pagar” en este mundo. ¡Enhorabuena, Colombia! 

 

@AlbertoBernalLe