El pasado jueves 18 de julio los caleños recibimos la noticia de que el exalcalde de Cali Jorge Ivan Ospina había sido imputado con los cargos de celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales.

Pero este no es el único escándalo que cae sobre la espalda del ex presidente del Partido Verde. El sobre costo en la silletería del Pascual Guerrero que según la Contraloría generó un detrimento de más de 843 millones de pesos, si se compara con el valor de las sillas adquiridas en Pereira, que son las mismas que fueron compradas por la administración del ex senador Ospina. La compra de una pantalla para la remodelación del estadio la cual fue facturada por un precio 37 veces mayor al de su valor real, según el informe final de las obras del Pascual Guerrero presentado por la Contraloría de Cali, el 12 de abril de 2011.

Cómo si esto fuera poco, hay dudas sobre la contratación de abogados “corbatas” durante la alcaldía Ospina, la entrega de un contrato de 342 millones de pesos a un magistrado amigo, quien había fungido como abogado personal, la entrega de 2 secretarías en Cali a cuotas políticas del ex senador parapolítico Juan Carlos Martínez, y la lista de pecados continua.

La cínica respuesta de Ospina ante las acusaciones, es que los perros ladran, porque su aspiración a la alcaldía avanza. No señor Ospina, las entidades de control no son perros y los ciudadanos de Cali merecemos una respuesta clara y concisa sobre el uso que usted dio a los recursos de los contribuyentes.

Lo cierto es que el candidato Ospina, quien tiene tanto por responder, hoy cuenta con el aval del Partido Verde, el Partido liberal y la Colombia Humana para regresar al CAM. Todos estos partidos, a pesar de venderle a los colombianos un discurso de lucha contra la corrupción, paz y transparencia, a la hora de la verdad, no les importa respaldar al candidato con más cuestionamientos sobre sus hombros si de hacerse con el poder se trata.

A nuestra ciudad le ha costado 8 años la recuperación de sus finanzas públicas, un factor esencial para la ejecución de una administración responsable, estimular desarrollo económico y promover la inversión social. Es necesario decir que Ospina representa lo opuesto: populismo, politiquería y ataques sistemáticos al sector productivo.

Los caleños debemos Pararle-Bolas a las próximas elecciones por la alcaldía de Cali. Debemos decidir bien. Nuestra ciudad no aguantaría la destitución de un alcalde, o el manejo irresponsable de las finanzas y mucho menos que nuestro CAM se convierta en un fortín electoral para las siguientes elecciones presidenciales. No todo vale señores, Cali se respeta.

@gabrieljvelasco

Publicado: julio 23 de 2019