En algo se parecen el cuestionado senador Armando Benedetti y el exsuperintendente Pablo Felipe Robledo: ante cada escándalo, esgrimen toda suerte de argumentos y razones, con las que intentan desviar la atención y evadir sus responsabilidades.

Para nadie es un secreto que Robledo, siendo superintendente de Industria del gobierno de Juan Manuel Santos, hizo un mandado para salvar a Odebrecht. En efecto, su deber era el de obligar a que la Agencia Nacional de Infraestructura -ANI-, en cabeza del fugitivo Luis Fernando Andrade, decretara la caducidad del contrato de construcción de la denominada Ruta del Sol, decisión  que no quiso adoptar. 

Robledo hizo todo un mandado para salvaguardar las finanzas de Odebrecht y sus socios, decisión que va en detrimento de todos los colombianos, que se enfrentan ante la posibilidad de tener que pagar la exorbitante suma de $1.2 billones de pesos, pues gracias a él, en vez de decretar la caducidad, se decidió cancelar anticipadamente el contrato, hecho que obliga a que la nación asuma el pago de buena parte de las deudas que Odebrecht adquirió con el sector financiero. 

En su más reciente columna para la revista Semana, la periodista Vicky Dávila reveló el contenido de unas conversaciones entre Juan Manuel Santos y el director de la ANI, Andrade, en las que se devela una suerte de complot por parte del gobierno para efectos de proteger los intereses de Odebrecht, empresa que, se ha sabido, fue la gran financiadora de las dos campañas presidenciales del hombre que, además de haber corrompido a Colombia, suscribió un pacto de impunidad con la banda terrorista, Farc. 

Santos estaba, según revela la periodista Dávila, jugado a favor de una solución “amigable” entre el Estado y Odebrecht, respecto de la nulidad del contrato para la construcción de la Ruta del Sol. En momentos en el que planeta entero estaba siendo enterado del elevadísimo nivel corruptor de la firma brasilera, uno de los beneficiados por el río de dinero que pusieron a rodar los empresarios brasileros -Juan Manuel Santos- planeaba con su funcionario de confianza una operación abiertamente lesiva a los intereses del Estado que consistía, en sus propias palabras en hallar una “solución amigable… la que habíamos hablado, donde participaban todos los socios del conglomerado”.

Columna de Vicky Dávila

En términos simples, la solución amigable tendría como consecuencia que Odebrecht no seguiría construyendo la Ruta del Sol, y en contraposición, la nación quedaba obligada a asumir las deudas de esa empresa con el sector financiero, cifra que sobrepasa el billón de pesos. 

Para que la operación pudiera perfeccionarse, era necesario contar con la complicidad del superintendente Robledo, quien fue debidamente “trabajado” por Juan Manuel Santos.

En las grabaciones publicadas por Dávila, se nota que para Andrade era clave alinear a Pablo Felipe Robledo: “…Yo creo que sería bueno que la superintendencia no se fuera a acelerar, ¿no?”. A lo que Santos respondió: “No, no, tranquilo… yo hablo con Pablo Felipe, ¿OK?”.

Y los hechos demuestran que efectivamente, Santos “habló” -¿constriñó- al funcionario que, en virtud de la ley, debía observar una absoluta independencia, velando sobre todo, por los intereses de la nación y no de los corruptos que financiaron las campañas presidenciales de su jefe y nominador. 

Volviendo al paralelismo entre Robledo y Armando Benedetti, se encuentra que al superintendente de Industria también le ha ido muy bien en las investigaciones penales y disciplinarias que le han abierto. Igual que en el caso de Benedetti, los procesos en su contra no avanzan y muchas de ellas llevan años enteros acumulando polvo en los despachos judiciales de Colombia. 

Frente a las más recientes revelaciones de Vicky Dávila, urge que Pablo Felipe Robledo comparezca ante la opinión pública y dé las explicaciones del caso, sin acudir a estratagemas ridículas, ni a argumentos reforzados. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 8 de 2019