Sin terminar aún la farsa del supuesto proceso de paz con las Farc, ahora el gobierno del presidente Juan Manuel Santos nos quiere poner a los colombianos a intimar con el Eln.

Pretende la administración del actual Nobel de Paz que se les entregue a los de “Gabino” el pedacito de país que nos quedó después de las concesiones que descarada y abusivamente se les hicieron en Cuba a “Timochenko” y sus muchachos.

En los últimos meses, cuando a los colombianos se nos notificó de los acercamientos exploratorios de paz con el Eln, se advirtió por parte del Ejecutivo que no habría conversaciones hasta que ese grupo guerrillero dejara en libertad al político chocoano Odín Sánchez Montes de Oca.

Pero no, resulta que la Casa de Nariño –en esta oportunidad representada por el exministro Juan Camilo Restrepo– aflojó y el martes anunció desde Quito –con bombos y platillos– que el 7 de febrero arrancarían en firme las negociaciones si el Eln cumplía con su palabra y dejaba libre a Sánchez Montes de Oca.

¿A quién quieren engañar? ¿Acaso no sabemos los colombianos que este gobierno es totalmente genuflexo con todo lo que huela a guerrilla? Para muestra un botón: el proceso de paz en La Habana con las desprestigiadas Farc.

A los herederos de “Tirofijo” se les dijo sí a todas sus peticiones: impunidad o indulto para todos sus guerrilleros, tierras, emisoras, dinero, poder político y, lo peor de todo, un forzado nuevo sistema judicial –Jurisdicción Especial para la Paz– con el que meterán a la cárcel a todos sus contradictores y enemigos. Todo para que al gobernante de turno se le entregara un Nobel de Paz en la capital noruega y pudiera fotografiarse con su familia al mejor estilo de la realeza europea.

Es más, fue tal el desespero del gobierno por agacharle la cabeza a las Farc que pasó por alto los resultados del 2 de octubre pasado cuando casi 6,5 millones de colombianos dijimos en las urnas que no estábamos de acuerdo con los puntos acordados por las partes en ese templo de la democracia mundial llamado Cuba. Nada tan sagrado como la voz del pueblo, pero está demostrado que al régimen de Santos eso le importa poco o nada.

Pero volvamos al tema del Eln.

Esta banda ilegal, que tiene más de medio siglo de existencia, ha sido un azote para el país, especialmente en el nororiente. Sus víctimas mortales se cuentan por centenares. Los daños que le ha causado a la naturaleza con la voladura de oleoductos son incuantificables e irreparables. Adicionalmente sus integrantes han sido y son expertos en secuestros y en reclutamiento para sus filas de menores de edad.

Sin embargo, hay crímenes perpetrados por el Eln que no pueden meterse en la llamada lista “de uno más”. Me refiero, por ejemplo, a lo ocurrido en el amanecer del 18 de octubre de 1998.

De acuerdo con la narración de la Corte Suprema de Justicia, ese día en el caserío antioqueño de Machuca varios elenos, “para golpear la infraestructura petrolera y con ello la economía nacional…, le colocaron un artefacto de gran poder detonante a la línea de conducción de crudos (petróleo)” y provocaron una “descomunal conflagración que en minutos arrasó con buena parte de las viviendas y produjo una tragedia humana de incalculables proporciones: casi un centenar de muertos –entre niños, adultos y ancianos– y graves heridas por quemaduras a un número de aproximadamente 30 personas”.

Al igual que lo hizo con las Farc como responsable de la bomba que en 2003 estalló en el Club El Nogal de Bogotá –36 muertos y casi 160 heridos–, el gobierno central pretende ahora que los cabecillas del Eln no paguen un día de cárcel por la tragedia que ocasionaron en Machuca.

Y como si lo anterior fuera poco, el Eln es un perpetrador brutal de feminicidios. Según cifras de la Fiscalía General, entre 1981 y 2014 este autodenominado grupo alzados en armas asesinó a 126 mujeres en todo el país.

Cualquiera pensaría que a ellas la pena capital les fue decretada por su ideología o por su lucha contra la insurgencia. Pero no es así. El móvil de esos atroces homicidios obedeció a que esas mujeres tenían relaciones afectivas o eran novias de militares y policías.

“El feminicidio hizo (y ha hecho) parte de una política de este grupo armado”, aseguró un informe de la Fiscalía de mayo del año pasado.

Entonces, ante realidades como las descritas anteriormente, sentémonos a esperar que el Eln cambie y que libere a Odín Sánchez.

Es muy posible que los elenos cumplan con su palabra y dejen libre al dirigente del Chocó para no poner en riesgo lo que recibirán si se portan igual o mejor que las Farc. Total, los de “Gabino” ya consiguieron lo que querían: le ganaron el pulso al gobierno y sobre todo ya le sacaron a la familia Sánchez todo el dinero que querían.

@CancinoAbog

Publicado: enero 20 de 2017