Gústele o no a la política tradicional, desde su casa y concentrándose en el mundo digital, el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández logró que su mensaje de lucha contra la corrupción calara en cerca de 6 millones de personas que votaron por él y que le dieron el tiquete para la segunda vuelta.

Es muy posible que el grueso de sus electores no se hayan tomado el tiempo de leer íntegramente el programa de Rodolfo y se hayan quedado con lo que a todas luces resulta más atractivo: su promesa de enfrentar sin titubeos a los corruptos. 

Nadie puede llamarse a engaños. Los electores de Federico Gutiérrez llegan a la segunda vuelta en condición de derrotados. Una vez se confirmó su derrota, Fico compareció ante el país para anunciar su apoyo a Hernández sin que mediara reunión o acuerdo alguno. Esa adhesión se sustenta en un solo aspecto: la salvaguarda de la democracia colombiana. 

Dado que no hubo un acuerdo político, ni una negociación programática, quienes no votaron por Hernández en la primera vuelta, pero tendrán que hacerlo en la segunda para impedir el advenimiento de Petro deben comprender que su alternativa política propondrá e impulsará iniciativas con las que no están de acuerdo. Rodolfo ganó con su discurso y no hay nada que discutir. Esa es la democracia. 

La garantía de que en 4 años habrá elecciones es razón más que suficiente para apoyar, impulsar, promover y votar masivamente a favor de Rodolfo Hernández. Si gana, rogar para que haga un gobierno razonablemente bueno mientras los defensores de los principios de la democracia liberal se concentran durante el cuatrienio en la gestación de un gran líder nacional con vocación de ser elegido en 2026. 

El propósito fundamental durante estas tres semanas que separan a Colombia de la segunda vuelta es el de consolidar una fuerza electoral que destroce al socialismo en las urnas. A Petro no hay que ganarle; hay que aplastarlo en democracia. La diferencia en las urnas debe ser inmensa a favor de Rodolfo Hernández y así se liquida de una vez y para siempre el cuento manido de que la mitad del país es de izquierda. 

El pueblo tiene en sus manos la inmensa responsabilidad de demostrar que Colombia es tierra infértil para el socialcomunismo. 

Así que no debe perderse un minuto. Trabajar a brazo partido para darle en estas elecciones la sepultura política de décima categoría que merece la extrema izquierda. Colombia lleva más de dos siglos luchando por su libertad, esa misma que el modelo de Gustavo Petro pone en grave riesgo. 

@IrreverentesCol

Publicado: junio 1 de 2022