La campaña relacionada con el plebiscito sobre los acuerdos entre el gobierno y las Farc se precipitó.

El afán del presidente Santos de firmar algo con Timochenko anticipó un debate respecto del cual todavía no se conoce el marco que lo regulará, por cuanto aún se espera el texto definitivo de la sentencia de la Corte Constitucional.

Sin embargo, los tiempos políticos van avanzando más rápido que el marco regulatorio, razón por la cual ya no da espera iniciar la tarea de presentarle argumentos a los colombianos.

Muchos creemos que, como de lo que se trata es de pronunciarse sobre lo acordado en La Habana, al país le conviene votar a favor del NO para que se pueda avanzar en la búsqueda de una paz estable y duradera.

Votar a favor del NO será unir a los colombianos, que el Jefe del Estado ha querido dividir artificialmente entre amigos y enemigos de la paz por razones de estrategia electoral;

Votar a favor del NO será conseguir que los acuerdos sean duraderos porque no serán de impunidad disfrazada;

Votar a favor del NO será garantizar que haya verdadera justicia;

Votar a favor del NO será asegurar la vigencia de la Constitución nacional;

Votar a favor del NO será darle seguridad jurídica a los ciudadanos porque no habrá una Constitución paralela, gracias al llamado bloque de constitucionalidad, escrita en Cuba;

Votar a favor del NO será  afirmar la democracia plena evitando que los veredictos populares se restrinjan;

Votar a favor del NO será consolidar el emprendimiento privado y la libertad de empresa.

El debate hay que darlo alrededor de estos y otros temas.

Y debe ser reflexivo, sereno y a fondo, porque lo que está en juego es el porvenir de la nación.

Además, tiene que ser esperanzador, apuntar a la apertura de nuevas posibilidades de construir la paz que anhelamos todos.

Es decir, real, verdadera, duradera y estable.

Solamente una actitud incluyente permitirá lograrla.

Esto es, la disposición de incorporar a los acuerdos la visión de quienes SÍ quieren el fin de las Farc, la entrega de las armas a la ONU y la cesación total de los secuestros, masacres y demás delitos atroces, pero NO están de acuerdo en que los culpables de esos crímenes no paguen ni un solo día de privación de la libertad, ni en su elegibilidad inmediata.

Como a dichos ciudadanos se les niega el derecho de pronunciarse en ese sentido, toda vez que se impide promover la abstención activa y el voto en blanco, el único camino que se les dejó fue votar a favor del NO para buscar un acuerdo mejor.

La negación del derecho fundamental de “todos” a participar en el plebiscito y el de fundar movimientos sin limitación alguna, está alimentando una polarización inconveniente que solamente podrá superarse con argumentos, esperanza y alegría.

Es lamentable que no se esté cumpliendo con la función esencial del Estado de facilitar la participación de “todos” en las decisiones que los afectan.

Afortunadamente, la soberanía reside en el pueblo del cual emanan los poderes públicos.

Y si éste, el pueblo soberano, se inclina por el NO porque quiere un mejor acuerdo, el Gobierno no tendrá alternativa distinta a la de acatar ese mandato e ir a la mesa de Cuba a cumplir con lo ordenado.

En ese momento, las Farc tendrán la oportunidad histórica, inigualable e insuperable, de mostrar su verdadera voluntad de paz, aceptando mirar nuevas alternativas en aquellas materias que hayan incidido sobre el pronunciamiento popular.

La mesa tendrá que seguir funcionando, las conversaciones deberán avanzar y los esfuerzos para encontrar nuevos puntos de acuerdo finalmente fructificarán.

Por todas estas razones, y muchas más, votar a favor del NO es buscar la verdadera paz en Colombia.

 

@CarlosHolmesTru