Del escándalo desatado por el viaje del Fiscal General de la Nación Francisco Barbosa a la isla de San Andrés, he de decir que lo de menos es que viajara en el avión de la fiscalía con su hija adolescente acompañada por una amiga, también menor de edad.

Considero que lo verdaderamente relevante de ese episodio era que el Fiscal expusiera el apremio y la gravedad de la diligencia que lo obligó a desplazarse en medio de la pandemia, en puente festivo y a sabiendas de que allá se encontraban en cuarentena total obligatoria. Además, que aclarara por qué no era factible obviar ese traslado echando mano de las facilidades tecnológicas de las que hoy se dispone, máxime, teniendo en cuenta la difícil situación financiera por la que está atravesando el país y el mal sabor que podía dejar en los millones de colombianos que están haciendo verdaderos malabares, para no morir de hambre.

A pesar de que no dio las explicaciones que la ciudadanía pidió y de que fue evidente el desagrado que le generó que se le cuestionara, y de la displicencia y la arrogancia desplegadas, incluso, al acudir a la lastimera justificación de “si me quieren apedrear por ser padre, recibo las piedras”, los entendidos en la materia están convencidos de que la embestida mediática a la que se vio sometido el Fiscal Barbosa, no tienen sustento alguno, pero, como ya media una acción legal en su contra en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, serán ellos los encargados de evaluar si incurrió o no, en una falta disciplinaria.

Por lo pronto, nos quedó claro es que el señor Barbosa sí es, tal como advirtió desde un principio, “el Fiscal que sale del búnker y está en los territorios”, ese que, además, gusta de revolverle turismo a sus frecuentes periplos laborales. De ello dan cuenta los 83 viajes que realizó en los 18 meses que se desempeñó como Asesor delegado para los Derechos Humanos (reseñados con lujo de detalles en varios medios de comunicación), los 13 que ha hecho en los cinco meses que lleva en la Fiscalía (se posesionó el 13 de febrero y su primer viaje lo hizo al día siguiente), y los que vendrán, si se tiene en cuenta el servicio de “catering” que contrató para el avión por 45 millones de pesos hasta el mes de diciembre.

Igualmente, nos quedó claro que aunque diga que en el país no hay nadie de su edad mejor preparado que él, y que tiene el segundo cargo más importante del país, es mucho lo que le queda por aprender.

No tiene idea sobre la grandeza de la humildad y no conoce los peligros que acarrea la embriaguez de poder.

Emitir juicios de valor sobre su desempeño es prematuro, habrá que darle el beneficio del tiempo, de lo que si no queda duda es que tenemos un Fiscal General “viajero frecuente”.

@cdetoro

Publicado: julio 18 de 2020