El secuestro es uno de los peores flagelos que puede sufrir un ser humano. El dolor y la interminable incertidumbre de ser privado injustamente de su libertad sin conocer el rumbo al que se va se convierte en un verdadero viacrucis no solamente para la víctima directa sino para su familia.

Ese crudo e inaceptable acto lo conoce más que bien este País. Durante años vimos como cientos de inocentes personas se vieron afectadas por el accionar del terrorismo que no diferenciaba entre familias, hijos, abuelos, etc.

A pesar de ello, Colombia supo erradicar prácticamente por completo ese problema gracias a la seguridad democrática. No obstante, como bien lo sabemos todos los colombianos, el Gobierno Santos destruyó por completo las bases de esa política en el País y dejó expandir libremente la criminalidad a tal punto que hoy zonas como el Catatumbo o el Pacífico están completamente inundadas de coca y controladas por la delincuencia.

Las consecuencias de ello, desafortunadamente, se siguen viviendo. El sufrimiento al que fue sometido Cristo José, un inocente niño de El Carmen, Norte de Santander, es un fuerte mensaje de alerta que nos demuestra que la situación del País no es nada fácil.

La seguridad se perdió y recuperarla debe ser la prioridad número 1 de este Gobierno. Afortunadamente, nuestro Ministro de Defensa conoce esta realidad y es consciente que la paz no se consigue con débiles concesiones sino como consecuencia del correcto ejercicio de la legítima autoridad del Estado.

El recuperar el control territorial de toda la geografía nacional no se puede catalogar como un ejercicio autoritario de guerra, sino como una imperiosa necesidad que exige un País que hoy está secuestrado por la extorsión y la criminalidad en las regiones.

En efecto, cuando no hay presencia de la autoridad legítima en una determinada zona ese vacío de poder es asumido por el terrorismo, el cual empieza a dirigir arbitrariamente los designios de la inocente población de dicho territorio, hasta el punto de convertir prósperos municipios en fortines armados llenos de delincuencia.

El legado de Juan Manuel Santos es bastante preocupante y se requiere determinación y contundencia para recuperar la tranquilidad de una Nación que era libre, pero que el ego y la ambición del “Nobel” la sumergió en un mar de intranquilidad.

Ninguna persona merece ser privada injustamente de su libertad. Nadie tiene por qué sufrir el viacrucis del secuestro por culpa de la ineficiencia de un Estado que se preocupaba más por expandir su gasto burocrático antes que cumplir con su más fundamental obligación: ejercer soberanía sobre todo su territorio.

Como colombianos, exigimos con la mayor urgencia el fin de esta situación, en especial cuando involucra a niños inocentes. Celebramos profundamente la liberación de Cristo José, pero esperamos también la libertad inmediata de los otros tres niños que en Santa Marta y otros lugares del País están pasando por la misma inaceptable situación. Sencillamente, los niños requieren de toda nuestra protección y por ello solicitamos el más contundente y efectivo actuar por parte de las autoridades para lograr este  fin y erradicar dicha inaceptable realidad de una buena vez.

¡Los niños son sagrados!

@Tatacabello

Publicado: octubre 12 de 2018