Miguel Ceballos es -o era- respetado por su serenidad, aplomo, rigor y sensatez. Minutos después de que se hiciera pública su renuncia irrevocable a su cargo como Alto Comisionado para la Paz, apareció publicada una entrevista en el diario El Tiempo.

Todo estaba bien coordinadito. El gobierno confirmaba la salida de Ceballos y acto seguido se publicaría el extenso reportaje que le hizo la prestigiosa periodista María Isabel Rueda. 

En uno de los puntos, Ceballos se refirió a un malestar suyo con el expresidente Álvaro Uribe. En palabras del exfuncionario: “Siento una incomodidad con el ex Presidente Uribe, y se refiere a algo esencial que tiene que ver con mi trabajo como Comisionado. En dos ocasiones, desafortunadamente, no fui consultado por el expresidente Uribe en un par de contactos que tuvieron él y representantes suyos con el ELN… En esas dos ocasiones no fui consultado por el presidente Uribe. Siento que él tenía la confianza, pero, además, el deber de consultar al Alto Comisionado para la Paz sobre contactos con el ELN y no lo hizo…”.

El señalamiento de Ceballos, sin detalles ni mayor profundización, siembra un insoportable manto de duda sobre el proceder de Uribe. 

Esto es lo que realmente sucedió:

Un día, a la casa del expresidente llegaron el padre Francisco De Roux -jefe de la Comisión de la Verdad- y Juan Carlos Cuellar, miembro del ELN. Esas personas fueron con el propósito de oír la opinión personal del exmandatario sobre un proceso de paz con el ELN. La respuesta fue tajante: El ELN debe declarar un cese de actividades criminales extenso y que genere confianza en la ciudadanía.

Uno de los puntos que preocupaban a De Roux y a Cuellar, tenía relación con la protección de los miembros de esa guerrilla -catalogada como organización terrorista por parte del gobierno de los Estados Unidos-. El presidente les recordó el talante democrático del gobierno de Iván Duque a quien Uribe, en esa reunión, calificó como un humanista.

Tan pronto culminó ese encuentro, el doctor Uribe llamó al presidente Duque para informarle sobre el mismo. 

La segunda reunión tuvo lugar en diciembre del año pasado. También ocurrió en la casa del presidente Uribe. Sus interlocutores fueron nadie menos que el Nuncio Apostólico, Luis Mariano Montemayor y el padre Darío Echeverry. Temerario el doctor Ceballos al referirse a esas dos personas como “delegados del ELN”. 

El propósito fue el mismo. El doctor Uribe los oyó con atención y les compartió sus impresiones que fueron idénticas a las que anteriormente había intercambiado con De Roux y Cuellar.

Igualmente, informó de inmediato al presidente Duque de los detalles de esa charla.  

Respecto del tema del ELN, públicamente, el presidente Uribe pidió en su momento que los guerrilleros Galán y Torres, que habían pasado más de 25 años en la cárcel, fueran liberados.

Algo tan claro, transparente y, sobre todo, conocido por el alto gobierno, ¿por qué es manipulado por el doctor Ceballos el día que hizo pública su renuncia?

Para nadie es un secreto que las débiles vigas que sostienen el techo con el que uribismo recubre al gobierno nacional están a punto de colapsar. La relación entre el presidente y el grueso de sus electores está pasando por el peor de los momentos. 

Ceballos, con esos comentarios que riñen alevosamente con la realidad de los hechos y que ultrajan el honor y la dignidad del presidente Álvaro Uribe, le hace un flaco favor a quienes hacen hasta lo imposible por mantener viva la relación y el apoyo político entre el gobierno y el partido que cobijó, impulsó y procuró su elección.   

Se habla insistentemente de que Miguel Ceballos quiere aspirar a la presidencia. Está en todo su derecho, como cualquier otro colombiano. La democracia lo ha permitido desde siempre. Basta con recordar los ejemplos del sempiterno candidato Gabriel Goyeneche o del cantante de música popular Mario Gareña. 

Pero se equivoca de manera grave creyendo que apuntalará su aspiración dándole un portazo al gobierno en un momento difícil abandonando a mitad de camino su tarea de dialogar con los dirigentes del paro y, como si eso no fuera suficiente, lanzando acusaciones falaces contra el expresidente Álvaro Uribe a quien, de paso, puso al mismo nivel de Gustavo Petro en la desafortunada entrevista. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 23 de 2021