Recientemente, las Farc anunciaron que con el apoyo logístico del Comité Internacional de la Cruz Roja –CICR- procederá a devolver a una comisión de la UNICEF a los niños que tiene en su poder. 

Llevamos años demandando que esa desincorporación tuviera lugar y hemos reclamado que el retorno de los niños se haga de manera transparente y con todas las garantías para la integridad física y mental de los menores que están en poder de esa estructura terrorista. 

Me preocupa sobremanera que en el comunicado revelado por la guerrilla no se haga mención al número de niños que van a ser desincorporados. Mucho me temo que la guerrilla no quiere reconocer la magnitud de su crimen, razón por la que ha preferido manejar el asunto con misterio y mentiras. 

La última vez que ellos hablaron de los menores, mencionaron que había una veintena de niños en sus campamentos, contradiciendo la evidencia que indica que se trata de una tragedia que afecta a más de 3 mil menores. 

Llama la atención que en el proceso de desincorporación no se haya convocado al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, entidad que por mandato legal tiene la obligación de recibir a los menores que estuvieron en poder de grupos armados organizados al margen de la ley y que recuperan su libertad. 

Todo indica que las cifras se van a manejar en absoluto secreto, lo cual aumenta las sospechas. Los colombianos exigimos que se nos diga exactamente cuántos niños van a ser devueltos y sus lugares de origen. Es un asunto que no se puede manejar ni con discreción ni con prudencia. Por eso, debemos exigir que el ICBF esté presente y sea, junto a UNICEF el encargado de emitir las informaciones que el país necesita conocer. 

Que no queden dudas: grave e imprescriptible es el delito de reclutamiento forzado y grave e imprescriptible es el delito de desaparición forzada. Yo, a las Farc no les creo una sola palabra. Esa banda de facinerosos no tienen la mínima intención de paz y me embarga el temor de que la vida de los miles de niños que están esclavizados por ellos tenga un epílogo trágico.

Urge que el gobierno exija ya mismo el listado con los nombres de todos y cada uno de los menores y que esos datos sean constatados con las cifras y casos que están documentados en la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el ICBF. 

Esto no puede culminar en la devolución de 20 niños y que UNICEF nos trate de hacer creer que no hay nada más que hacer. Como advertí hace algunas semanas, estamos en riesgo de una desaparición masiva de menores, configurando así una catástrofe humanitaria de incalculable magnitud.

La mentira y el misterio rodea el proceso de desmovilización de las Farc. Según se lee en el acuerdo, ni la guerrilla ni la ONU jamás nos revelarán cuántas armas serán entregadas. Será el secreto mejor guardado del proceso de paz, hecho que nos permitirá inferir que no van a entregar la totalidad del material bélico.

Resultará inaceptable que a los niños pretendan darle el mismo tratamiento que le darán a la entrega del armamento. 

Así que ni me alegro ni me ilusiono con el cuento de la devolución de los menores en poder de la guerrilla. Temo que esto es una burda pantomima. Ojalá esté equivocada, pero hasta no ver libres a los 3 mil menores que tienen las Farc en sus campamentos terroristas, no abandonaré mi escepticismo.

@MargaritaRepo