En reiteradas oportunidades hemos dedicado nuestra habitual columna a un tema que nos toca profundamente: los tiempos amargos que padece la hermana República de Venezuela. No puede pasar desapercibido ante nuestros ojos el inclemente martirio que sufren nuestros vecinos, cada acción que realizamos en procura de la libertad de esta querida Nación, sentimos se queda corta en proporción a la pesadumbre que padece.

La desgracia arribó a ese país hace ya casi veinte años, cuando un Coronel de limitadas condiciones intelectuales se hizo con el poder aprovechando una innegable crisis política. El vehículo utilizado por Chávez fue el del populismo, prometió puentes donde no hay ríos y se valió del siempre fracasado sistema socialista que es capaz de todo en la teoría, pero de nada en la practica.

Fue ese mismo modelo el que por ventura no resulto triunfante en las pasadas elecciones de nuestro país, el ejemplo de la amargura de nuestros vecinos sirvió para evitar que el consejero de Chávez: Petro, fuese electo presidente. Pero no por habernos salvado de esta desgracia podemos desviar nuestra atención e ignorar una calamidad tan evidente como la que ocurre a tan corta distancia.

Quienes como yo, todavía confíen en el derecho, compartirán conmigo que las acciones legales que se empleen para salir de esta oquedad no son estériles. Pero tampoco somos presa de la ingenuidad para considerar que basta con robustas pretensiones legales para derrocar a un régimen tiránico y despótico, que no tiene consideración para acabar con la vida de indefensos niños y maltratar a mujeres a su paso.

Venezuela se desangra y no sabemos hasta cuando soporte el derramamiento de sangre de los suyos, por ello aplaudimos el llamado que hizo el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, al Consejo Permanente de esta corporación para tratar a la mayor brevedad un tema tan delicado y puntual como lo es la crisis migratoria de venezolanos a países cercanos como Ecuador, Brasil, Perú y Colombia, de este último sabemos no hay una política clara para soportar la masiva llegada de venezolanos, pero si existe la férrea voluntad de querer ayudar.

Continuando con las acciones positivas en pro de la libertad del país vecino, resaltamos la firme intención de los estados de Argentina, Chile, Colombia y Paraguay de denunciar al dictador Nicolas Maduro ante la Corte Penal Internacional, CPI, en donde sabemos se surtirá un largo proceso que tendrá cuantas aristas sean posibles, pero al fin son esos los medios que la legalidad nos permite a los hombres para sancionar a truhanes como el que gobierna en Venezuela. 

Desde estas páginas seguimos alentando a los valerosos jóvenes que a diario arriesgan su vida y las de sus familias por lograr una patria que alguna vez tuvieron, pero que el maldito socialismo les arrebató.

@MiguelCetinaC

Publicado: agosto 22 de 2018