Legítimo y válido el debate que se ha generado alrededor de la reforma tributaria presentada recientemente por el gobierno nacional. El presidente de la República ha dicho que no es un proyecto pétreo e inamovible. De alguna manera, el equipo económico elaboró una propuesta y la idea -porque estamos en democracia- es que el Congreso avoque la discusión y proceda a hacer los cambios y ajustes necesarios.

Como ha expresado el presidente Uribe, sería importante encontrar un consenso con los diferentes partidos políticos tendiente a lograr el recaudo de $12 billones de pesos, dinero que es necesario para mantener programas sociales como el denominado Ingreso Solidario.

Una de las propuestas consiste en no aumentar el IVA, no gravar los salarios y, en cambio, subir temporalmente el impuesto a la renta, pasando del 30 al 33%. En palabras del expresidente, dicho aumento sería durante 3 años.

Otra propuesta consiste en imponer una tarifa extraordinaria y transitoria a las personas que devengan más de $64 millones de pesos al año. Igualmente, se propine aumentar los impuestos al sistema financiero de manera transitoria y que el denominado impuesto solidario sea pagado sobre ingresos superiores a los $20 millones de pesos.

Lo cierto es que alternativas hay, y no son pocas.

De nuevo: el gobierno ha manifestado estar abierto a la discusión. Ojalá, esta vez el poco empático y bastante errático ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla haga caso de los lineamientos del presidente de la República. Su soberbia -la de Carrasquilla- le hace un daño oceánico al Ejecutivo.

Germán Vargas Lleras, cuya naturaleza mezquina, politiquera, tramposa y canalla es evidente, se ha trazado el objetivo de hundir, al precio que sea, la reforma tributaria. En medio de una borrachera vergonzosa en un restaurante en Key Biscayne -isla al oriente de Miami- acordó con el presidente del senado Arturo Char la estrategia para torpedear el proyecto.

Sin reforma, las finanzas nacionales quedarán gravemente lesionadas. La solución no es la que propone el expresidente Gaviria quien insiste en hacer una emisión de dinero -como en Venezuela- y aumentar el endeudamiento interno.

Lo cierto es que Vargas lleras no está pensando en Colombia. Su apuesta -mezquina como todas las de él- es la de liquidar la gobernabilidad del presidente Duque, acabar con el apoyo ciudadano que aún le queda al primer mandatario y tratar de capitalizarlo a favor suyo para intentar una nueva candidatura presidencial en 2022.

Proteja Dios a Colombia de un gobierno encabezado por Vargas Lleras. La corrupción estaría en el primer renglón. No le alcanzaría el tiempo ni las manos a su testaferro -su hermano Enrique- para recibir y contar el dinero de las comisiones ni para amañar licitaciones, asuntos en los que los Vargas cuentan con sobrada experiencia.

Así que todos los interesados tienen que poner de su parte, empezando por el gobierno y por los partidos políticos de la coalición. Con sensatez y serenidad buscar la solución al brete causado, partiendo de una premisa inamovible: el país necesita urgentemente una reforma que aumente el recaudo para efectos de satisfacer las necesidades nacionales.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 27 de 2021