El gobierno contrató la fabricación de costosas vajillas alegóricas a la paz para regalarles a asistentes a la cumbre Iberoamericana.

En días pasados tuvo lugar la vigésimo quinta cumbre Iberoamericana en la ciudad de Cartagena a la que asistieron Jefes de Estado y Cancilleres de las 22 naciones que hacen parte de la denominada Conferencia Iberoamericana.

Hubo espacio para las críticas por cuenta de la falta de un pronunciamiento enérgico de los mandatarios de los países integrantes frente a los abusos que comete el gobierno venezolano contra su pueblo y el talante dictatorial del mismo.

Llamó poderosamente la atención el silencio cómplice del gobierno colombiano frente a los desmanes de la satrapía que lidera el nuevo mejor amigo de Santos, Nicolás Maduro (Puede leer “Diplomacia de bagatela”).

Como todas las actuaciones del gobierno colombiano, la reciente cumbre fue más importante por las formas, los lujos y el derroche que por el fondo y la trascendencia de la misma.

Tanto a Santos como a su canciller, la buena e íntima amiga de Maduro, María Ángela Holguín les atrae más la pompa y el boato que la solidez doctrinaria. Ese es el estilo que ellos le han impreso al gobierno desde el 7 de agosto de 2010 y que tantas críticas ha despertado.

Se ha justificado por todos los medios posibles que la reforma tributaria que acaba de ser presentada en el Congreso de la República es necesaria para tapar el hueco fiscal de la nación. En resumen: Colombia lleva más de 6 años gastando más que lo que percibe, razón por la que el Estado se encuentra perfectamente arruinado.

Un gobernante sensato y consciente, gastaría el poco dinero que hay en las arcas públicas en los asuntos prioritarios, eliminando todo gasto suntuario o innecesario.

Como en cualquier hogar: los lujos y los placeres se financian con lo que sobra. Pero Santos hace exactamente al revés. Gasta en lo accesorio y lo que sobra –que en este caso no existe- lo dedica a lo fundamental.

LOS IRREVERENTES tuvieron acceso a un contrato celebrado el pasado 26 de octubre entre la Casa de Nariño (Departamento Administrativo de la Presidencia de la República) y el señor Luis Fernando Mejía Escobar, gerente de “Locería Colombiana S.A.S”.

Se trata del proceso de contratación directa número 132/16 y tiene como objeto adquirir 110 vajillas de 12 puestos cada una con el diseño denominado “Hilos de Paz”. Santos ordenó la compra de dichas vajillas para regalarlas a todas las personas que asistieran a la cumbre Iberoamericana. En los estudios previos del millonario contrato se lee que “de conformidad con el protocolo internacional, es costumbre homenajear y reciprocar atenciones a las distintas personalidades que visitan el país, constituyéndose en una de las formas para conservar, fomentar e impulsar las relaciones internacionales que el país debe mantener con el resto del mundo, así como la prevalencia del buen nombre del Estado”.

Así se firmó el contrato que le costó al tesoro público $192.764.810 pesos. En resumidas cuentas, por cada vajilla la presidencia pagó más de 1.7 millones de pesos.

contrato

Primera página del millonario contrato de las vajillas

En tiempos de crisis, cuando el gobierno planea exprimir a los ciudadanos subiéndole el IVA y a la clase media obligándola a declarar renta, suena absurdo que Santos inconscientemente haya decidido agasajar a sus invitados con toda suerte de atenciones, viandas, banquetes y lujos y de remate les hubiera empacado a cada uno una vajilla alegórica al proceso de paz.

La presidencia de la República justifica el millonario y suntuario gasto alegando que el artista caleño Luis Fernando Roldán Jaramillo “ha diseñado una imagen gráfica denominada “Hilo de paz”, la cual, mediante documento de Cesión de Derechos Patrimoniales, entregó al Departamento administrativo de la Presidencia de la República el uso de esta imagen para adelantar la impresión de vajillas que serán destinadas como obsequios protocolarios del señor Presidente de la República”.

Esta es una prueba más del estilo derrochón y del talante insensible de Juan Manuel Santos cada día da más muestras de desconexión con las angustias del país. Mientras el desempleo aumenta, las oportunidades disminuyen, el país tiene menos recursos para la inversión y los niños de La Guajira mueren de hambre (Puede leer “La Guajira sigue sin solución”), el gobernante ordena estampar vajillas con palomitas de paz para regalárselas a los visitantes ilustres que posan sus humanidades sobre estas deprimidas y entristecidas tierras.

@IrreverentesCol