Las últimas semanas, el número de contagiados y de fallecidos como resultado del 3er pico de la pandemia, tuvieron a Colombia como uno de los países con las peores cifras en el mundo entero. Más de 4.5 millones de colombianos se han contagiado y cerca de 118 mil compatriotas han perdido la batalla contra el virus. En Bogotá, se han reportado a la fecha un total de 1.38 millones de contagiados y 26.220 muertes.

He sido un crítico en numerosos aspectos de la gestión del Presidente Duque. Considero que la manera cómo se manejó las primeras semanas del Paro Nacional, ahondó mucho más la crisis social en la mayoría de territorios y, más complicado aún, debilitó, la de por sí ya frágil, gobernabilidad, dejando al gobierno nacional con un estrecho margen de maniobra, frente a los vándalos que bloquearon en su momento gran parte del país. Sin embargo, debo reconocer los evidentes logros del gobierno nacional frente a la ejecución del plan nacional de vacunación. A la fecha, más de 9 millones de colombianos cuentan con su ciclo de vacunación completo, se han aplicado 25 millones de vacunas y el gobierno ha confirmado la llegada en los próximos meses de 50 millones de dosis (sin contar las 2.5 millones de vacunas adquiridas por particulares ni las 6 millones donadas por el gobierno americano), con lo que lograremos la meta de vacunar a 42.6 millones de personas. Sin duda, un escenario esperanzador.

Durante esta semana fue tema la posibilidad de que el gobierno nacional haga obligatoria la vacuna. Varias emisoras nacionales tuvieron como discusión del día ésta posibilidad. Las redes sociales se inundaron de posiciones a favor y en contra. La reacción del gobierno, como era lógico, ante la disponibilidad de vacunas y dada la preocupante cifra que nos muestra que aún hay en Colombia varios millones de personas que pese a que ya está abierta su respectiva etapa han decidido no vacunarse, ha abierto desde ya, la vacunación a todas las edades en poblaciones con menos de 100 mil habitantes y a partir del 1 de agosto en todo el territorio nacional.

Parece increíble que viendo las nefastas consecuencias del virus, existan aún personas decididas a no recibir la vacuna. En Estados Unidos y Europa que entran ya a un nuevo pico, ésta vez por cuenta de los no vacunados, se han implementado algunas medidas particulares. Algunas con el fin de incentivar la vacunación (Vacunación a domicilio, bonos en efectivo, descuentos en tiendas y hasta entrega de dosis de marihuana para quienes se vacunaran), otras, mucho más de tipo restrictivo, limitan el acceso de la ciudadanía no vacunada a sitios públicos como restaurantes y centros comerciales. Ambos tipos de medidas, el uno y el otro, pretenden generar acciones con el fin de conseguir que el mayor número posible de personas se vacunen, pero siempre, por más optimistas que sean las cifras, por más elaborado y planificado que sea el plan de vacunación del país, por más que hoy sea posible, gracias a la conexión mundial, que veamos lo que sucede al otro rincón del planeta, se ha previsto en la estadística, la existencia de un porcentaje de la población que no se vacunará, por decisión propia.

El tema de las libertades individuales, como en éste aspecto en particular, ha sido un elemento de amplio debate en las democracias modernas. ¿Hasta qué punto mi derecho a la libre autodeterminación, choca con los derechos de los demás?, ¿cuál es mi responsabilidad como integrante de una sociedad compleja? Y finalmente ¿cuál es el papel de los estados en la regulación de este tipo de situaciones de salud pública,  que pueden poner en riesgo a la mayoría del colectivo? Mi posición particular frente a éste tema de las vacunas, es que el Estado por ningún motivo debe de imponer la obligatoriedad de su aplicación, ya que esto limitaría los derechos de los ciudadanos de elegir. Por el contrario, hay que fortalecer las campañas educativas de promoción de los beneficios de la vacuna, hacer entender a esa población aún dudosa en aplicarse los biológicos, que el virus del Covid-19 llegó y que se quedará muchos años más. Debemos también implementar medidas que estimulen a esa población a vacunarse: la implementación del carné digital y del pasaporte COVID, como requisito para viajar o para ingresar a determinados espacios públicos, serán sin duda medidas definitivas que ayudarán a conseguir en el país la anhelada inmunidad de rebaño.

Han sido meses durísimos. Atravesamos la más grave crisis social y económica de las décadas recientes. Es necesario reactivar nuestro sistema productivo, hay que atacar inmediatamente las causas de la pobreza y combatir las raíces de la desigualdad que hoy, más que nunca, carcome nuestros cimientos como sociedad y como país. Volver a la normalidad, reactivar nuestra economía y

P.D. La virtualidad en la educación ha hecho aún más profunda la brecha de desigualdad entre los colegios públicos y privados. Urge tomar medidas que garanticen que nuestros niños y jóvenes pertenecientes a los sectores menos favorecidos, tengan las mismas oportunidades. El regreso a la presencialidad, una vez se alcance la vacunación de la totalidad de la comunidad educativa, debe ir acompañada de una evaluación detallada del impacto de más de un año de clases virtuales y sobre todo de un plan de choque inmediato, que permita recuperar el tiempo perdido. Desde la próxima semana, estaré recorriendo varios colegios de la ciudad, revisando personalmente, las condiciones de regreso a clases presenciales y las opiniones y expectativas a futuro de los padres de familia, maestros y profesores, pero sobre todo, de nuestros niños.      

@JcolmenaresE

Publicado: julio 25 de 2021