Un sector del uribismo sirve de carnada diaria del petrismo al sumergirse en su fango al polemizar y contradecir cuanta sandes escribe Gustavo Petro y su círculo más cercano. Entiendo que genera malestar el comportamiento de Petro en medio de esta pandemia al incitar levantamiento social, anarquía, vandalismo, desobediencia civil, como medio para seguir manteniendo vigencia entre sus seguidores.

Soy de la tesis que uno no se puede meter en todas las aguas porque termina metido tarde o temprano en aguas turbulentas donde la fuerza de ellas lo termina sumergiendo. Petro sabe de la necesidad de mantener vivo el odio y rabia de sus electores contra el establecimiento, el orden constitucional y jurídico, y contra el uribismo, como la misma reacción de sus opositores: eso genera titulares, tendencias, y millones de interacciones en redes sociales. Esos uribistas, quienes de buena fe lo enfrentan, no saben que se están prestando para la ejecución estratégica que tienen diseñada los petristas para sobrellevar la pandemia.

Cada vez que un uribista se presta para visibilizar las necedades de Petro están contribuyendo a su crecimiento político. Esa energía, lealtad y compromiso que tienen los miles de twitteros afines a las doctrinas del uribismo no puede ser utilizada para seguir abonando peleas innecesarias y fatigantes con la extrema izquierda. Por el contrario, deberían (sugiero) utilizar esa unidad y fuerza en redes sociales para convertirse en motor de comunicación digital del gobierno del Presidente Iván Duque, quien hace esfuerzos extraordinarios para salir abantes de esta inimaginada crisis.

El Presidente de la República genera hechos de gobierno que no son comunicados por los medios de comunicación tradicionales ni por los medios de comunicación del Estado, los cuales deberían ser replicados juiciosamente por quienes todos los días y a todas las horas viven agarrados con Petro.

La suerte del Presidente Duque finalmente será la suerte del uribismo en la elección congresional y presidencial, no entenderlo es cegarse ante la realidad y seguir metido de cabeza en esa fatigante polarización entre petristas y uribistas. El expresidente Uribe es un gladiador de mil batallas, tiene su espacio ganado y tallado en la historia de Colombia, en la memoria de los afectos y gratitudes de millones de ciudadanos, eso es inmodificable así insistan en injuriarlo o calumniarlo.

Tampoco es sano que ese mismo sector del uribismo comience campañas presidenciales faltando la mitad del periodo presidencial. Agitar banderas de precandidatos presidenciales en este momento es como sacar un helado del refrigerador para consumirlo dos horas después. Además, me parece indelicado, inoportuno y descortés para con el Presidente Iván Duque buscarle reemplazo desde el mismo toldo que lo eligió. La política electoral tiene sus tiempos, y este no es el mejor de ellos. La pandemia y sus efectos calamitosos en la economía, empleo e ingresos de la gente no permite que se tenga el mejor visor para sentenciar que pueda pasar en las elecciones del 2022.

Yo me la juego por defender el gobierno de Iván Duque a servir de abono del petrismo. Vamos en la mita del partido, se puede ganar, se va a ganar el partido, se gobierna con responsabilidad, pensando en el presente y futuro del Estado y de la Nación. Entendiendo que no se puede estar de acuerdo con todas las decisiones de gobierno, se debe contradecir decisiones que no nos parezca con argumentos, se debe evaluar las actuaciones del gobierno, esa es la razón de la política y de la democracia. Pero lo que no se puede es ser caja de resonancia del petrismo y teléfono roto del gobierno nacional.     

@LaureanoTirado

Publicado: julio 14 de 2020