La clave del éxito de quien resulte nominado como candidato del CD, radica en mantenerse firme en los postulados uribistas. 

En distintas entrevistas, el presidente Uribe se ha referido al trato de que fue objeto en la anterior campaña presidencial, por instrucciones del supuesto experto brasilero, Eduardo Duda Mendonça, sujeto que bastantes dolores de cabeza le ha traído no solo al excandidato Óscar Iván Zuluaga, sino también al Centro Democrático, gracias al vínculo entre él y la corrupta empresa Odebrecht.

El presidente ha recordado una y otra vez que desde que Duda llegó como asesor de la campaña presidencial, ordenó que esta fuera “desuribizada”, consejo que no fue del todo acertado. Sin el presidente Uribe, resulta muy difícil, por no decir imposible, ganar una elecciones.

Ahora que empiezan a calentarse los motores para la designación del candidato uribista, los precandidatos no pueden caer en el error de creerse “dueños” de sus propios feudos políticos, cuando éstos no existen. Si acaso, tendrán uno que otro simpatizante o animador que propenda por su éxito, pero aquello no constituye, ni mucho menos, un grupo político propio.

Flaco servicio le hacen al proceso uribista, los que intentan crear pequeñas ínsulas dentro de la colectividad regentada por el presidente Uribe. Dentro del CD, el único “ismo” que cabe plenamente es el URIBISMO, así, en mayúsculas para que no quede duda ninguna.

El proceso de selección del candidato debe cumplirse en absoluta calma, sin zancadillas ni guerra sucia, pues al fin y al cabo el que resulte ganador necesitará del apoyo de quienes compitieron con él por la nominación.

No puede caerse en el error de hace 4 años, cuando, por cuenta de la polarización entre Zuluaga y el exvicepresidente Francisco Santos, el Centro Democrático llegó debilitado a la primera vuelta. Esto es en serio, no es un juego ni un escenario donde gana el que más vanidades personales exhiba, sino el que mejores propuestas presente para salvar a Colombia de la hecatombe causada por Juan Manuel Santos, quien le entregó la dignidad de la República a la banda terrorista de las Farc.

En 2018, hay que aprender de los errores del pasado. El uribismo no necesita de exóticos asesores ni estrategas. Aquella es una corriente política que atrae a sus electores con sus propuestas y no con eufemismos publicitarios. Mucho mejores resultados tendrá el candidato que resulte si hace su campaña enarbolando los postulados uribistas, apegado a los preceptos ideológicos y rescatando elementos de tan hondo calado y recordación como la célebre analogía de los 3 huevitos.

Es hora de trabajar hombro a hombro, pasando de largo frente a las agresivas insinuaciones de algunos elementos negativos del CD que no aportan votos, pero sí dolores de cabeza.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 22 de 2017