El uribismo enfrenta el desafío más grande y trascendental de su existencia: la defensa abierta, cierta y decidida del presidente Uribe, quien es víctima de una atroz persecución por parte de la justicia corrupta de Colombia, célula que durante más de una década ha operado como un burdo partido político de oposición a las ideas sobre las que se erigió la Seguridad Democrática, doctrina que redujo a su mínima expresión al narcoterrorismo que durante décadas tuvo en jaque a nuestro Estado de Derecho.

En horas de la mañana del próximo 8 de octubre, el presidente Uribe concurrirá ante la sala de instrucción de la sala penal, para efectos de atender la miserable citación a indagatoria que le fue extendida hace algunas semanas.

Es inadmisible que un hombre de la importancia y honestidad de Álvaro Uribe, haya sido objeto de una infamia semejante. Sentarlo en condición de indiciado en un tribunal, constituye una afrenta a él, a la democracia y a los millones de seguidores del Centro Democrático.

Durante todos estos días, los militantes uribistas han dado un estupendo y admirable ejemplo de lealtad, disciplina y coherencia, al imponer tendencias de primer lugar en las redes sociales, concretamente en Twitter, en las que manifiestan su respaldo al doctor Uribe y ponen en evidencia a los autores reales del montaje en su contra.

Negar la importancia de las redes sociales en la comunicación política contemporánea, es una absoluta majadería. La frontera entre lo virtual y lo real es cada vez más difusa.  

No obstante, la eficacia política consiste en sumar las iniciativas emprendidas en redes, a las acciones políticas concretas. De cara a la indagatoria del presidente, sus seguidores no podrán cruzarse de brazos y esperar con obsecuencia la consumación del vilipendio.

Ese día, hay que dar una verdadera demostración de solidaridad con el presidente que salvó y sigue salvando a Colombia de las garras nefandas del socialismo.

El proceso contra el expresidente es una verdadera monstruosidad jurídica. No hay una sola prueba que lo incrimine y el fundamento del mismo es una colección de testimonios vagos, mentirosos, contradictorios y carentes de detalles, proveídos por una caterva de matones de poca monta, -todos capturados y enviados a prisión durante el gobierno de Uribe- debidamente comprados por el jefe del cartel de falsos testigos de Colombia, el senador comunista y aliado de la banda terrorista Farc, Iván Cepeda Castro.

Hay momentos en la vida, en los que las personas se ven impelidas a expresar de manera vehemente sus convicciones, creencias y lealtades. El presidente Uribe, en privado y público, ha pedido a sus seguidores y amigos mantener distancia de su proceso. Ese es su talante: sinceramente, no quiere ni incomodar ni someter a ninguna dificultad a quienes creen en él.

Pero en este caso, con mucha vergüenza por el presidente, sus seguidores no pueden hacer caso de su solicitud. El 8 de octubre, en Bogotá, hay que salir a marchar con el propósito de ratificar la confianza en el presidente. Que la corte miserable, haga su sainete y lleve a cabo la infame indagatoria. Y mientras ello sucede en la sede de la sala de instrucción, los seguidores de Uribe marcharán para dejar en claro que el uribismo está dispuesto -al decir popular- a jugarse sus restos.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 23 de 2019