Hay que superar la discusión respecto de si el Centro Democrático ganó o perdió las elecciones. La palabra final, ya la dio el presidente Uribe, quien no dudó un instante en reconocer que a su colectividad -que hoy funge como partido de gobierno- no le fue como se esperaba.

Lo cierto es que la vocación natural de los partidos es, precisamente, el acceso al poder. Las colectividades no son organizaciones estáticas y su naturaleza es la de conquistar nuevos espacios en los certámenes electorales. 

Ganar elecciones no es algo fácil. Juzgar a un partido derrotado, resulta injusto, pues en el caso del Centro Democrático fue evidente el trabajo de sus dirigentes y candidatos, así como la movilización de los militantes de la colectividad. 

Pero el resultado no fue el que se esperaba, razón por la que corresponde hacer un replanteamiento integral, con el fin de preparar al partido uribista para las elecciones de 2022.

El Centro Democrático reposa sobre un cuerpo doctrinario claro. Es quizás el único partido político de nuestro país por el que sus electores votan estimulados por programas e ideas concretas.

Ahora bien: las necesidades y anhelos de los ciudadanos no son factores pétreos. Con el paso de los años, estos van cambiando. En 2002, los colombianos aclamaban un gobierno que les devolviera la seguridad. La gente, ni siquiera podía salir de sus ciudades, ni transitar por las carreteras del país. 

Hoy, gracias a la aplicación exitosa de la Seguridad Democrática, la lucha contra la inseguridad dejó de ser la prioridad de la sociedad, sin que aquello signifique que el factor seguridad deba descuidarse -como sucedió durante el gobierno de Santos-.

El Centro Democrático no es, ni mucho menos, un partido caudillista. Fue creado con vocación de poder y de permanencia en el tiempo. No se hizo para tramitar avales de cara a unas elecciones en particular. 

En un lapso muy reducido, el partido logró consolidarse como uno de los más fuertes en el Congreso y, en menos de 5 años, llevó a una de sus figuras más rutilantes -Iván Duque- a la presidencia de la República. 

Con un éxito significativo, el CD ha servido de incubadora de liderazgos políticos que han llegado a cargos uninominales y a algunas corporaciones públicas, pero ha descuidado una tarea que resulta fundamental para garantizar su permanencia: proyectar su liderazgo como partido, actualizando su programa político, a sus cuadros directivos -a nivel nacional y local-, sin desconocer las realidades sociales. 

El pasado 27 de octubre, se registró en Colombia un avance significativo de un sector que se presenta a si mismo como “independiente”. Se trata de personas relativamente nuevas en la acción política, que corrieron en las elecciones como aspirantes sin filiación ideológica definida, pero que en realidad, al estudiar sus programas, son unos militantes agazapados de la izquierda. 

Aquellas personas, como Daniel Quintero o Claudia Nayibe López, lograron avivar el debate de la supuesta polarización que se experimenta en nuestro país, para ubicarse sobre ella y presentarse como una alternativa que trasciende a la misma.

La estrategia resultó eficaz y, sin lugar a dudas, será la misma que la izquierda implementará en las elecciones presidenciales de 2022. 

El uribismo está dotado de todas las capacidades para recuperar el aliento, reponerse de la derrota del pasado domingo y continuar abonando el terreno para mantenerse en el poder luego de que culmine el gobierno del presidente Duque.

Pero claramente, es necesario emprender cambios, empezando por entender que el Centro Democrático debe ir más allá de la persona de su fundador e inspirador, Álvaro Uribe. 

El liderazgo de él, es imprescindible, pero eso no cierra la puerta para que incluyan nuevas figuras, visiones y estilos, siempre respetando el apego irreductible a las bases doctrinarias sobre las que fue erigido el partido. 

El presidente Iván Duque, en esa tarea de actualización permanente del CD, juega un papel de primera línea. Es él, quien al lado Álvaro Uribe, tiene la gran misión de trazar la línea programática de cara al futuro. 

Desde los tiempos de Marco Tulio Cicerón quedó establecido, a través de una suerte de manual que le elaboró su hermano Quinto, que “hay tres cosas que garantizan votos en unas elecciones: favores, esperanza y carisma”.

Han pasado más de 2 mil años desde que Quinto le brindó ese consejo a su hermano y aquel permanece vigente. En las manos del presidente Duque y del presidente Uribe, reposa el futuro del Centro Democrático, el cual está íntimamente ligado a la suerte de Colombia, porque el uribismo es, por antonomasia, el muro de contención capaz de evitar que Colombia caiga en las manos de un gobierno populista de izquierda, agazapado tras el ropaje de “independiente”.

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 30 de 2019