El expresidente Álvaro Uribe Vélez goza de ser el ciudadano colombiano más odiado. Desde su estancia universitaria definió sus principios democráticos y liberales en su sentido filosófico y en las asambleas estudiantiles mantuvo la coherencia suficiente para no embarcarse en aventuras montaraces ni en paranoicos atentados urbanos con capucha y bombas molotov. Pronto empezó la carrera administrativa del servicio público que lo ha llevado a ser alcalde de Medellín hasta ejercer la Presidencia de la República. Uno de sus máximos logros fue haber sido gobernador de Antioquia en medio de los carteles de la cocaína y los grupos guerrilleros que aspiraban a la toma del poder por la vía armada. Sin embargo algunas estructuras subversivas firmaron la paz y la desmovilización de las tropas al llegar a la convicción de alcanzar el poder por la violencia montada en el tráfico de estupefacientes, el secuestro, el terrorismo y otros delitos. Por lo tanto el gobernador Uribe quedó en el centro del conflicto y le correspondió actuar  de manera firme y en la aplicación de la ley y la constitución.

Así aparecen “Las convivir”, organizaciones de ciudadanos que obtuvieron autorización para usar armas amparadas, vigiladas y controladas. Las convivir fueron creadas por decretos  presidenciales en los gobiernos de Samper y Gaviria, con el respaldo del ministro Horacio Serpa. A Uribe le pareció interesante y útil el establecimiento de “Las convivir”, pero con el control de la Cuarta brigada del ejército nacional “Las convivir” realizaron sus metas y la guerrilla las señaló como objetivo militar. La Corte Constitucional las declaró contrarias a las normas y terminaron disueltas. De allí salió la sindicación de paramilitar a quien se atrevió a respaldar las fuerzas armadas constitucionales.

Uribe era un convencido de poder llegar a acuerdos regionales o nacionales con las fuerzas guerrilleras y las autodefensas en su calidad de gobernador y creó la Comisión Facilitadora de Paz de Antioquia conformada por ilustres empresarios como Mario De J. Aristizabal, Tulio Gómez Tapias, Antonio Picón y otros compatriotas bajo la presidencia de Monseñor Duarte Cansino, Arzobispo De Apartadó. Coincidencialmente Monseñor Duarte fue asesinado por las Farc años después en Cali, como también fue víctima de las Farc, el exministro Gilberto Echeverry quien fué miembro de la Comisión Facilitadora, la cual tuvo las siguientes líneas de intervención para la Paz de Colombia:

1 Estableció diálogos con las autodefensas o paramilitares para lograr su sometimiento que surtiría, años después, en la desmovilización de las AUC.

2 Abrió las puertas para las conversaciones con el ELN y con los residuos del EPL (Línea Caraballo). Francisco Galán y Felipe Torres, detenidos en la cárcel de seguridad de Itagüí, se convirtieron en los voceros oficiales del ELN y se obtuvieron varios avances en materia de secuestros. Aprobados los encuentros regionales con el ELN y luego de conversaciones en México, la Habana, Caracas y Maguncia en Alemania, en acuerdos con esta guerrilla se obtuvo un dialogo regional y la Convención Nacional para la disposición final de lograr la Paz con el ELN. Sin embargo las Farc se mostraron reacias y el ELN no volvió a compartir esa iniciativa y desapareció de la mesa. Las Farc y el ELN se quedaron con la fantasía de la revolución y volvieron a profundizar el conflicto. En este proceso ocurrieron muchos incidentes pero hay dos que son anecdóticos, porque la historia está hecha de pequeñas narraciones o determinaciones.

3 Hubo momentos críticos como saber que las AUC iban a secuestrar a la familia de Felipe Torres, para equilibrar las cargas mutuas entre Autodefensas y Guerrilla elena. Torres solicitó, por medio de la CFP el apoyo del gobernador Uribe para el escape de la familia de Torres hacia Costa Rica. El gobernador Uribe dispuso todos los medios a su alcance para salvar esta familia como en efecto sucedió.

4 La diputada a la Asamblea de Antioquia, Beatriz Gómez Pereañez del partido Comunista en Urabá, solicitó apoyo al gobernador Uribe para salir del país por amenazas de muerte. La diputada recibió la solidaridad del mandatario y su respaldo para que saliera del país.

La ignorancia de los hechos en el transcurrir de la violencia guerrillera contra el Estado y la población colombiana, presenta casos de magnanimidad, de compromisos humanitarios, de aplicación ética de la ley. Un personaje de la estatura política y social como el Presidente Uribe Vélez, no puede ser tratado como “paraco y genocida” por unos iletrados armados con el puñal de la ignorancia histórica, inducida por los maestros y profesores de una oscuridad acrítica que remplaza los valores ciudadanos y democráticos.           

Jaime Jaramillo Panesso

Publicado: octubre 15 de 2019