La historia se repite. Tal como le sucedió a Simón Bolívar casi 200 años atrás, el hombre más importante de Colombia en el último cuarto de siglo, elegido como el Gran Colombiano, y quien, sencillamente, representa para muchos compatriotas el Segundo Libertador de la Nación, ha sido perseguido, insultado, vituperado, acusado y demandado por decenas de personas, la inmensa mayoría de ellas, impulsadas por la ira, y algunas pocas, incrustadas en el más abyecto régimen político-jurídico del que tengamos memoria.

Álvaro Uribe Vélez, el único líder latinoamericano que ha sido capaz de ser dique de contención del poder del comunismo continental, enfrenta el ataque visceral de quienes componen la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de Colombia. 

En la actual coyuntura, la paradoja es infame: mientras la mencionada Corte que, por numerosas, elocuentes y cuestionadas acciones, podemos considerar se encuentra ideologizada, permeada por un poder untado de complicidad e impunidad, que no ha tenido reparos a la hora de avalar la presencia de narcoterroristas en el Congreso de la República, pasando por encima de la voluntad popular, expresada en las urnas el 2 de octubre de 2016,  vemos que el único hombre que ha sido capaz de enfrentar al Foro de Sao Paulo en el continente, es perseguido sin misericordia por quienes fungen como “amigos” de fuerzas oscuras que se benefician de nuestra débil democracia. 

A pesar de este triste panorama, Colombia está con Uribe, porque fue él quien nos devolvió la Libertad que quisieron -y todavía quieren robarnos- los narco-terroristas de las Farc y sus cómplices, impulsados financieramente por el dinero sucio y manchado de sangre que produce el mayor cartel de cocaína del planeta.

Que a nadie le quepa duda: el Presidente Uribe cuenta con el apoyo irrestricto de millones de hombres y mujeres que respaldamos sus tesis, quienes jamás nos cansaremos de reconocer su labor como Jefe de Estado y sus excelsas condiciones de hombre público. 

Por consiguiente, cerramos filas alrededor de su persona. Porque Álvaro Uribe Vélez representa la Democracia y no el totalitarismo, la inversión y no la huida de capitales, el respeto y la admiración hacia las Fuerzas Armadas y no el libreto canalla de poderes extranjeros que pretenden imponer la pusilanimidad para enfrentar a los criminales.

Quienes somos testigos de lo que está sucediendo en esta perversa persecución jurídico-política, confiamos en nuestras instituciones; sabemos que pronto cesará la horrible noche…

Somos parte de una generación de colombianos resiliente. Crecimos siendo testigos y víctimas de carro-bombas, asaltos, tomas, secuestros, boleteos y pescas milagrosas guerrilleras; nos formamos como ciudadanos honestos, trabajadores que en medio de las dificultades hemos visto cómo la calumnia se ha tomado los estrados judiciales a sus anchas. Ha pasado mucha agua bajo el puente…

Después de padecer tanta decadencia moral, estamos cansados de ver el triste accionar de la “justicia”; y de paso, estamos asqueados de la desfachatez y el descaro de la “gran prensa”, porque sus actos se oponen a lo que representa su función en la sociedad. 

¡Basta ya de falsos testigos, de congresistas visitando cárceles, buscando cómo comprar con su asqueroso dinero el alma de inermes condenados, en lugar de estar presentes en las poblaciones de quienes los eligieron! 

¡Basta ya de una prensa arrodillada, que ha perdido independencia y respeto! ¡Basta ya de ese peligroso “matrimonio”, compuesto por periodistas cegados por unas ideas que se fundamentan en agravios, falacias y mentiras, y por miembros de las altas cortes,  perfectos actores de un drama infestado de abusos y ausencia de valores!

#ConTodoRespeto: ¡No más actuaciones tendenciosas del Cartel de la Toga! ¡Exigimos una justicia imparcial, que emplee el mismo rasero para todos! 

«Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad». Montesquieu.

#UribeEsColombia.

@tamayocollins

Publicado: agosto 1 de 2018