En un debate virtual del senado de la República, el expresidente Uribe puso contra las cuerdas al exterrorista de la banda delincuencial M-19 y actual líder de la estructura denominada “Colombia Humana”, Gustavo Petro.

Desde que se descubrió a través de una publicación de LOS IRREVERENTES que Gustavo Petro había viajado a Cuba en plena pandemia y sin la debida autorización del Senado de la República, el exterrorista del M-19 canalizó su ira mintiendo e insultando a sus opositores.

Arrancó con el cuento del cáncer, cuando en realidad tenía un problema digestivo que es tratable con antiácidos. 

Después de unos meses en La Habana, regresó al país en un vuelo humanitario. Primero desde la isla y luego en Colombia, no ha perdido oportunidad para incendiar los ánimos y estimular el odio entre los colombianos.

Su política es la de la destrucción. 

Petro, que señala a todos sus opositores de sostener vínculos con el paramilitarismo, quedó en evidencia cuando el presidente Uribe reveló que él -Petro- sostuvo sendas reuniones clandestinas con el desaparecido jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, Carlos Castaño. 

La primera reunión de la que se tiene referencia, tuvo lugar en el año 2000 en un campamento paramilitar ubicado en el Nudo del Paramillo. 

A mediados del año 2000, las AUC capturaron al cuestionado Carlos Alonso Lucio, quien se encontraba en un campamento del ELN. Mientras Lucio estaba en poder de los paramilitares, Petro -que en la época se desempeñaba como Representante a la Cámara- buscó una reunión con Castaño.

Las normas son claras al indicar que cualquier persona que quiera reunirse con miembros de grupos armados organizados al margen de la ley, sea cual sea el motivo, requiere de la autorización del gobierno de turno. ¿Petro le solicitó al presidente Pastrana permiso para reunirse con Carlos Castaño en el año 2000? 

Así mismo, no deja de ser escandaloso que un congresista visite al jefe de una organización ilegal en un campamento en el que se encuentra una persona secuestrada. Petro, evidentemente no estaba adelantando una gestión humanitaria, pues Lucio permaneció en poder de los paramilitares hasta que Carlos Castaño decidió entregárselo a una comisión de la Defensoría del Pueblo con el fin de que él, a su vez, fuera sometido a la Corte Suprema de Justicia, tribunal que lo había condenado previamente por múltiples delitos. 

Pero aquella no fue la única reunión entre Petro y Castaño. Cuando empezaba el proceso de diálogo que condujo a la desmovilización de las AUC, el hoy jefe de la extrema izquierda sostuvo una nueva reunión con él. ¿De qué hablaron? Castaño se llevó ese secreto a la tumba.

Igualmente, existe una grabación del segundo al mando en las AUC, Salvatore Mancuso en la que le narra a sus interlocutores -Eleonora Pineda y Miguel De La Espriella- que Gustavo Petro le ofreció ayudarle a conseguir asilo político en Venezuela. 

En palabras textuales de Mancuso: “Petro me mandó a decir que me conseguía asilo político en Venezuela”.

No dejan de producir escalofríos los alcances criminales de Petro, ese mismo que hoy se presenta como el gladiador contra la mafia, cuando su pasado y sus acciones clandestinas -las bolsas con dinero en efectivo y sus vínculos con Alex Saab, entre otros- develan que a pesar de haberse sometido a un proceso de desmovilización y entrega de armas, él no ha dejado de ser el criminal que se forjó en las filas de la banda terrorista M-19.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 17 de 2020