Empiezo por confesarles a los amables lectores que estuve muy tentada a no escribir columna

porque después de casi dos semanas de solitario encierro (la primera voluntaria y la que va del obligatorio), viendo, oyendo y leyendo cuanto se ha publicado sobre esta pandemia del Covid-19, sobre esta guerra del mundo contra ese enemigo invisible que jamás en mis ya largos años de vida imaginé siquiera pudiera presenciar, y que tiene, quiérase o no, sumido el mundo en el dilema de la salud versus la economía, y luego de pasar por todos los estados de ánimo por los que un mortal común puede pasar cuando se ve abocado a tan tenebrosa realidad, no me creí en disposición para escribir.

Sin embargo, en algún momento sentí que tenía la obligación de hacerlo, que tenía que aprovechar esta tribuna para expresar cuánto agradezco a Dios por permitir que esta desgracia que nos sobrevino nos cogiera, al menos, en manos de un mandatario como el presidente Iván Duque, y para agradecer también, a todos esos hermanos colombianos que, desde el lugar que cada uno ocupa, están entregando lo mejor de sí para tratar de que nuestro país salga de esto lo más bien librado posible.

Contamos con un presidente joven, con una gran capacidad de trabajo, un hombre bueno, sereno, mesurado, coherente, que está rodeado por un gran equipo de gobierno, un individuo que no se detiene en vanidades, que no está buscando nada diferente al bienestar de los colombianos y merece que lo rodeemos y le brindemos todo nuestro apoyo.

Que lo acompañemos en las dificilísimas decisiones que está teniendo que tomar, puesto que cualquiera de las que sean elegidas acarrearán, sin la menor duda, altísimos costos políticos y económicos, pero todas ellas con el fin de protegernos.

Estamos en guerra, una guerra muy peculiar en la que todos los ciudadanos somos el potencial enemigo del otro, en la que sin saber, estamos todos contra todos y, por ende, todos susceptibles de caer abatidos. Una guerra viral, con un enemigo artero, silencioso y letal, que apenas está comenzando y que muchos aún se resisten a creer. Sin embargo, aquí está y ya cobró las primeras víctimas, y que pesar de todo cuanto se ha hecho y se siga haciendo, tendrá efectos devastadores en muchos campos.

Es hora, entonces, de unirnos (en la distancia), de zanjar de una buena vez, esa grieta infame creada y alimentada por la siniestra, ese sector político que ni viendo al país haciendo frente a la crisis más grande su historia, renuncia a cosechar réditos pensando en futuras campañas electorales.

El reto que enfrentamos en descomunal, pero somos un país de gente buena (en su inmensa mayoría), recia, luchadora, capaz de salir adelante, como lo hemos hecho en otras ocasiones. Yo los convoco hoy a que afrontemos con generosidad, con disciplina, con amor patrio, este momento que nos deparo el destino (o la China), porque o nos ¡unimos o nos hundimos!

@cdetoro

Publicado: marzo 28 de 2020