A las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una flor; una frase clásica que se transformó en lección de vida. Nuestros padres y abuelos siempre recordaban ese principio.

Hoy las cosas son diferentes, a juzgar por las acciones del Consejo Nacional Electoral de la República de Colombia, en detrimento de las mujeres de la Corporación Rosa Blanca, ONG conformada por víctimas de secuestro, violación, abortos forzados y los peores tratos por parte de comandantes y guerrilleros de las Farc.

Las integrantes de la Corporación Rosa Blanca presentaron sólidos argumentos jurídicos ante el CNE, impugnando las candidaturas de los integrantes de las Farc, un “partido político” lleno de impunidad, dinero y delitos, producto del narcotráfico y los negociados que lograron imponer, contra la voluntad del pueblo colombiano, en los perversos diálogos de La Habana.

La lectura es clara: para quienes están al frente de los procesos electorales colombianos, la mujer vale muy poco y no tiene derecho a una dignidad mínima. Los miembros del CNE desconocieron las acciones legales presentadas por las víctimas sexuales de las Farc, niñas y adolescentes transformadas en objetos de placer, violentadas en su cuerpo y en su alma, que fueron por muchos años “carne de los comandantes”.

Así las cosas, en Colombia tenemos nuevos Pilatos, que se lavan las manos ante la ignominia y no escuchan razones. Que ninguna de sus hijas o esposas tenga que pasar por el horror que tuvieron que padecer las jóvenes de la Corporación Rosa Blanca.

¿Qué más podemos esperar? Después de este acto aleve contra la mujer colombiana, refrendado por el CNE, sólo la misericordia de Dios, y acciones legales ejemplarizantes por parte de la CPI y los diferentes organismos que defienden los derechos humanos de la mujer en el mundo.

A quienes se rasgan las vestiduras con los feminicidios e impulsan el aborto, al parecer, no les conmueve que abusen o violen a una mujer, siempre y cuando el autor del delito sea integrante de las Farc o cualquier otro grupo narco-terrorista.

¿Dónde están las voces de las defensoras de la ideología de género, el aborto y los derechos y la autonomía de la mujer? ¿Dónde está la reacción de Claudia López, Clara López, Angélica Lozano, Florence Thomas, Ángela Robledo o Piedad Córdoba ante la tragedia de las mujeres de la Corporación Rosa Blanca? ¿Ahí sí se quedan calladas, no? Su silencio frente al drama de las víctimas sexuales de los monstruos de las Farc, es elocuente manifestación de sus podridas intenciones.

A escasos 12 días de las elecciones parlamentarias colombianas, convoco a todas las mujeres de mi país, a votar en favor de valientes guerreras de la Libertad y la Democracia, que se han enfrentado a las Farc y sus aliados en el Congreso de Colombia, y en las plazas y calles de nuestras ciudades.

Mujeres como María del Rosario Guerra, María Fernanda Cabal, Paola Holguín, Paloma Valencia y Margarita Restrepo merecen ser tenidas en cuenta. A ellas se suman Ana María Abello, Claudia Bustamante, Zayda Barrero, Cristina de Toro y Dayi Sedano; damas que desean fortalecer y renovar el Senado y la Cámara de Representantes.

Después de ver la manera como actuaron los magistrados del máximo órgano electoral de mi país, no confío en la honestidad del CNE, ni en su independencia. Por eso, como ciudadano, exijo la presencia de testigos electorales internacionales, provenientes de países donde la dignidad de las mujeres sea valorada.

Con todo respeto: Ninguna mujer puede ser desestimada, cuando presenta pruebas fehacientes que demuestran que ha sido víctima de violación, abuso y aborto forzado.

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión; no me dejes, Madre mía. Amén.

@tamayocollins