Análisis de Camilo Rubiano para LOS IRREVERENTES

Los últimos acontecimientos en La Habana, la nueva reforma tributaria y las repercusiones que ambas pueden tener sobre sectores primordiales de la economía nacional, como lo es la inversión extranjera, merecen toda la atención que, en efecto, se les ha venido prestando. Sin embargo, es crucial no perder la pelota de vista, y preguntarse: paz y reforma tributaria e inversión extranjera, ¿para qué?

Todas las decisiones, las políticas y programas de cualquier gobierno tienen como fin último el desarrollo y la solución de problemas sociales. Desde la economía y la tecnología hasta la soberanía y el imperio de la ley tienen como objeto fines eminentemente sociales como la disminución de la pobreza, el mejoramiento de la salud y la calidad de vida.

En aspectos como el bienestar general de la ciudadanía es lo primero que se debe pensar cada vez que emisarios del gobierno hablen de La Habana, la reforma tributaria o la inversión extranjera. Cada ciudadano debe preguntarse: ¿Qué van a traer estos procesos a la puerta de mi casa? ¿Cómo van a influir estos procesos el curso de mi vida y el de mi familia, hoy, en un año, en diez años? ¿Va a salir mejor librado mi vecino y las personas de mi barrio llevando a cabo estos procesos comparado con la ausencia de ellos?

Digámoslo de otra manera: La tarea primordial de cualquier gobierno consiste en convertir, lo más eficientemente posible, la riqueza nacional en bienestar para sus ciudadanos. El problema radica en que, el gobierno que representa el Presidente Santos, promueve una agenda disfrazada de principios acertados y empujada por decisiones equivocadas: La reciente reforma tributaria puede afectar la economía del país de una manera que impugna la paz que dice defender desde La Habana.

Estas noticias no son nuevas; por ejemplo, el Presidente Santos y el Director de Planeación Simón Gaviria han querido defender la paz en el terreno de la economía. Según ellos, la paz podría contribuir al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional hasta en un 2%. Sin embargo, un estudio realizado por el Profesor Marc Hofstetter, de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, encontró que la fórmula para convertir paz en PIB no actúa en el vacío.

Según el Profesor Hofstetter, la fórmula para convertir la paz de La Habana en un crecimiento del 2% del PIB necesitaría de otros ingredientes; por ejemplo, cuadruplicar la inversión en el sector agropecuario y la industria. La contrariedad está en que la reforma tributaria tiene el potencial de afectar a la inversión extranjera, la cual ha demostrado ser uno de los principales sectores que invierten en el desarrollo agrícola e industrial del país.

La reforma tributaria también tiene como objeto el aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA), del 16% al 19%. Con esta reforma se pretende además gravar los productos de la canasta familiar, como los huevos, la leche y el pollo, afectando el costo de vida, y por ende la calidad de vida, sobre todo de las comunidades más pobres y marginalizadas. Es decir, la reforma tributaria representa una amenaza al mismo bienestar social que dice promover.

No se puede hacer paz declarándole la guerra a los bolsillos de los colombianos. No se puede aumentar el bienestar general de una nación con reformas que aumenten la cuota de hambre entre los más necesitados. No se puede abrir una puerta cerrándose; no se puede convertir la paz en PIB mientras se aisla la inversión extranjera que ha sido clave para el desarrollo. Por estas razones hay que votar NO en el plebiscito, porque la paz no se puede quedar en el papel.

@camilorubianobe