Después de dos semanas de ambientación mediática, de columnas manipuladoras en la enmermelada revista Semana, una violenta andanada de trinos cargados de mentiras, calumnias e injurias, el caduco senador del Polo Democrático –partido que saqueó a las arcas de Bogotá-, Jorge Robledo adelantó el debate contra el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

No fueron pocos los que alcanzaron a creer que el debate iría cargado de pruebas y evidencias en contra del ministro. Después de 50 minutos de insultos y aseveraciones infames por parte de Robledo, la única conclusión que puede sacarse es que aquel fue un debate insulso, sin sustento, abundante de improperios y ni una sola evidencia que ponga en duda la solvencia moral del ministro Carrasquilla a quien el propio presidente Uribe calificó de ser un hombre probo.

Para resumir el debate de marras en términos coloquiales, en los últimos 15 días la sociedad colombiana oyó los estruendosos gemidos de una montaña que al final terminó pariendo un desvalido ratoncito.

El ministro Alberto Carrasquilla explicó amplia y detalladamente su proceder en el negocio de los denominados bonos de agua. Al oírlo, queda perfectamente claro que en su actuar no hay ni el más mínimo asomo de irregularidad o ilegalidad.

No obstante, sectores enardecidos de la izquierda continúan anunciando una necia moción de censura contra el funcionario, desconociendo un hecho elemental: no se puede censurar a un ministro por hechos que no fueron cometidos con ocasión de sus funciones. Pero hay algo más profundo: Carrasquilla pudo demostrar sobradamente que todo lo dicho en su contra por Robledo y el activista del antiuribismo Coronel no es cierto.

El debate que era presentado como uno de los más importantes y relevantes de la historia reciente, fue una verdadera payasada en la que el genocida de las Farc, secuestrador y violador de niñas, alias Carlos Antonio Lozada llegó al extremo inaudito de calificar al ministro de “inmoral”.

Alberto Carrasquilla salió fortalecido del debate. Quienes creían que a un mes de su posesión podrían tumbarle un ministro al presidente Duque, se quedaron con los crespos hechos. Se da por descontado que el ministro de Hacienda continuará en su cargo y, por supuesto, sus iracundos enemigos seguirán pidiendo cárcel para el funcionario, cuando los que deberían estar respondiendo ante la justicia son, precisamente, aquellos que cargan un pesado prontuario a cuestas –como es el caso de Lozada-, o esos “faros morales” que en el pasado tuvieron negocios oscuros con peligrosos narcotraficantes.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 19 de 2018