Hace un año, con ocasión de la Navidad publiqué una columna en honor a los miles de niños reclutados forzosamente por los terroristas de las Farc. Aquel día, albergaba la esperanza de que a lo largo de 2016 ellos pudieran regresar al seno de sus hogares.

Confié en que el gobierno ejercería la presión necesaria para que los cabecillas de las Farc devolvieran salvos y sanos todos los niños que tienen en su poder. 

Llega una nueva Navidad y con tristeza registramos que ellos siguen en los campamentos del terror. Me preocupa lo que les sucederá de cara a la inminente concentración y desmovilización de los criminales. El silencio del gobierno y la indiferencia de la ONU son los mejores cómplices que tienen los cabecillas de las Farc para desaparecer a los niños. 

Timochenko y sus secuaces saben que evadirán la justicia por todos los delitos que han cometido, pero hay uno del que difícilmente se salvarán: el reclutamiento forzado de menores que es la modalidad más infame y aberrante de esclavitud en estos tiempos.

La Corte Penal Internacional ha proferido ejemplarizantes sentencias condenatorias contra diferentes personas que han incurrido en ese crimen. Los jefes de las Farc creen equivocadamente que escondiendo y desapareciendo a los niños el delito quedará borrado. Basta con que se logre esquematizar y probar un solo caso para que la CPI proceda en consecuencia. 

Claro que la justicia es necesaria, pero lo más importante es conocer la verdad. Que sepamos qué sucedió con esos niños. Sus padres tienen el derecho de saber cuál fue la suerte que corrieron, dónde estuvieron y quiénes fueron los responsables del crimen. 

En medio de la esperanza que embarga los corazones en estas fechas, el saber que en algún lugar de nuestras selvas hay miles de niños, amarrados, forzados, violados, humillados nos entristece y nos obliga a elevar ante el Pesebre una oración por ellos y por sus familias.

Que el nacimiento del Salvador traiga justica, libertad y verdad. No puede haber paz estable en una nación que abandona y desprotege a los niños. No es fácil reconciliar a una sociedad cuando los responsables de los crímenes más escalofriantes cometidos contra los menores de edad quedan impunes.

A los lectores, a los militantes del Centro Democrático, toda mi gratitud, todo mi cariño y mis mejores deseos en esta Navidad. Seguiré trabajando con disciplina y compromiso cumpliendo el mandato sagrado que me fue otorgado por quienes depositaron su representación en nuestro partido. 

Defenderemos nuestra democracia y no cederemos un milímetro en nuestro empeño de hacer de la nuestra una sociedad respetable y digna. 

A todos, una muy feliz Navidad.

@MargaritaRepo