La extrema izquierda convocó a una marcha para oponerse a la decisión del presidente Iván Duque de objetar 6 artículos de la ley estatutaria que fija el reglamento de la ilegítima jurisdicción especial para la paz,JEP. 

Desde el mismo instante en que se conoció la decisión del presidente, los validadores de las Farc, comprometidos con la impunidad de esa banda criminal, se han dado a la tarea de polarizar y, por qué no, incendiar al país. 

La constitución le otorga facultades al presidente para objetar total o parcialmente un proyecto de ley que le sea presentado para su sanción. Iván Duque no ha hecho nada que esté por fuera de las leyes.

El desespero de la extrema izquierda es evidente. Pareciera que amplios sectores socialistas de Colombia tienen algún tipo de compromiso para evitar que los responsables de crímenes de lesa humanidad sean sancionados penalmente. 

Así mismo, es grande el temor frente a la posibilidad de que los máximos jefes de las Farc, todos involucrados hasta la coronilla en el tráfico de estupefacientes, terminen extraditados a los Estados Unidos, país que los requiere por haber inundado con cocaína al territorio norteamericano. 

Petro, Cepeda, Ángela María Robledo, todos los cabecillas de las Farc, apoyados por algunos sectores “sociales” convocaron a sus seguidores a una “gran marcha por la paz”. 

El ánimo incendiario es evidente. Nuevamente se está buscando establecer la división entre los amigos y los enemigos de la paz. El país ya se pronunció sobre el particular. No una, sino dos veces: en el plebiscito de 2016 que Santos, las Farc y la denominada “unidad nacional” se robaron. Luego, vinieron las elecciones presidenciales. El candidato oficialista del proceso de paz, Humberto De La Calle, obtuvo un resultado miserable. El país lo castigó ejemplarmente por haberle entregado el país a la banda terrorista de las Farc. 399 mil personas votaron por él, resultado que refleja el 2% del total de personas que acudieron a las urnas. 

En cambio, para la segunda vuelta, más de 10.3 millones de colombianos dieron su voto a Iván Duque, el candidato del Centro Democrático que desde siempre planteó que el acuerdo debía ser modificado, para ajustarlo a la voluntad de las mayorías ciudadanas que con ocasión del plebiscito votó por la paz, pero en contra del acuerdo confeccionado en La Habana, a la medida de las necesidades de los terroristas de las Farc. 

La tal marcha se llevó a cabo y como era de esperar, a la misma acudieron los mismos sectores de siempre. Se vieron en las calles algunas decenas de personas que repetían, cual alienados, frases de cajón, sin ningún sustento argumentativo. 

Como todos los casos en que la izquierda convoca marchas y manifestaciones, el vandalismo estuvo presente. Los actos de desorden, que resultan inaceptables, son la consecuencia directa del discurso irresponsable, incendiario y criminal del chavista Gustavo Petro.

En resumen, la cacareada “gran marcha por la paz”, resultó en un acto de antisociales que pretendieron alterar el orden público, con muy poca afluencia ciudadana, pero sí con una altísima dosis de odio. 

A la JEP la respalda una fracción muy marginal de ciudadanos y los medios de comunicación tradicionales que se valen de su poder para engañar a la opinión pública. El fracaso de la marcha a favor de la JEP, es una derrota a la extrema izquierda, al narcotráfico y a esos periodistas que creen que tienen la capacidad de manipular a la sociedad colombiana.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 19 de 2019