Quisiera creer que ya estamos lejos del ser el país que sufrió el narcoterrorismo de los tristemente célebres carteles de Medellín y Cali, que tanto dolor sembraron en la Patria. Pero a decir verdad, hoy el panorama es incierto, al menos desde la jurisprudencia.

Duele recordar esos tiempos en que el Estado parecía hincarse por impotencia ante los designios de Pablo Escobar y sus compinches. No podemos olvidar que el capo se dio el lujo de escoger quien lo juzgara y hasta la mansión donde purgaría su pena, en tanto que decenas de niños que incursionaban en el consumo de estupefacientes, se volvían sicarios a su servicio, y mataban a periodistas, jueces, altos mandos militares ect, todo a cambio de un revólver unos cuantos pesos y unas zapatillas. Ah cuánto daño le hicieron a Colombia!

El culmen de esta tragedia se dio cuando el narcotráfico sufragó a la guerrilla del M-19 para incursionar a sangre y fuego, al máximo templo de la Justicia Colombiana, y una vez allí, asesinar vilmente a casi un centenar de personas, entre ellas 11 Magistrados de la más honrosa Corte Suprema de Justicia que haya tenido este país.

Ese acto de infamia se convierte en un compromiso inexorable. Es por eso que hoy las Altas Cortes tienen casi que una deuda de honor con esos héroes a quienes les cobraron tan caro el que no les hubiese temblado la mano para impartir justicia.

No puede ser que hoy, 30 años después de esta tragedia, y cuando las cifras de niños adictos a las droga aumentaron de manera exponencial, vengan los magistrados a truncar la herramienta que permite a la Policía controlar el desbordado flagelo del microtráfico, abrumador en pérdida de vidas, y multimillonario para el país en materia de salud pública y seguridad ciudadana.

Uno se pregunta si nuestros Magistrados, los del país actual, y muy real; creen que la marihuana es cosa de romanticismo poético donde el autor se mete un cachito para inspirarse, o si realmente conocen, -y de cerca- las consecuencias de permitir la mal llamada “dosis personal”. 

Yo le preguntaría si se han sentado un domingo en algún parque a las tres de la tarde con sus familias, sin tener que sentirse intimidados por esos “bad boys” que alegan su equivocado concepto de Desarrollo de la personalidad.

Esta vez Colombia no va a ceder, ni sus instituciones, al poder oscuro e infame del narcotráfico, negocio criminal que a tantos jóvenes arrastró por cuenta de un terrorismo cuyos nefastos resultados aún nos erizan la piel, y nos reclaman justicia.

Es el momento en que las Cortes y cada uno de ustedes, respetados magistrados, se reivindiquen con aquellos mártires del Palacio de Justicia, y nos devuelvan a los ciudadanos la esperanza en un país más justo, no solo para nosotros; también para las generaciones que nos precederán. Debemos velar porque para ellos la infamia nunca se repita. 

@JenniferAriasF

Publicado: junio 13 de 2019