Los desmanes violentos que se han registrado en los últimos días en diferentes ciudades de sur América, obligan a que se haga un diagnóstico sensato de la situación, con el propósito de identificar y neutralizar a los cerebros de las acciones violentas. 

Enfundados en el derecho a la protesta, los antisociales se han encargado de acudir al terrorismo para intentar acorralar a los gobernantes. 

Una de las primeras expresiones de violencia, se registró en Ecuador, como respuesta ilegítima a la sensata decisión del presidente Lenin Moreno de reducir los subsidios al combustible. 

La reacción no se hizo esperar y las manifestaciones, en un santiamén se convirtieron en pavorosas escenas de horror, que obligaron a que el gobierno en pleno saliera de Quito, con el propósito de salvaguardar la integridad del presidente y de sus ministros. 

El pivote del régimen dictatorial venezolano, el narcotraficante Diosdado Cabello hace pocos días lanzó una amenaza contra Colombia, al decir que “cuando vemos lo que está ocurriendo en Ecuador, bueno, eso va pa’ Colombia”. 

Las palabras del capo Cabello, confirman lo que el presidente Lenin Moreno denunció cuando aseveró que agentes venezolanos, enviados por el régimen de Maduro, infiltraron las protestas con el fin de estimular el uso de la violencia. 

En Bogotá, en las últimas semanas, las marchas estudiantiles han desembocado en bochornosos episodios violentos, que hacen creer que la amenaza de Diosdado Cabello es cierta. 

No significa, ni mucho menos, que los más de millón y medio de venezolanos que están en Colombia, hagan parte del complot criminal contra nuestro país, pero sí es prudente que el gobierno, concretamente la cancillería, implemente unos mejores controles para identificar, neutralizar y expulsar a los facinerosos que la satrapía ha enviado con el fin de desestabilizar a nuestra democracia. 

La dictadura chavista, se presenta como la reencarnación del modelo bolivariano. Utilizan y mancillan irresponsable e impunemente el nombre del Libertador, incentivando el odio, la violencia y el terrorismo. 

Dese Caracas, la banda criminal liderada por Nicolás Maduro y su lugarteniente, Diosdado Cabello, se ha puesto a circular por toda América del sur una putrefacta “espada de terror”, que esos delincuentes pretenden vender como la doctrina bolivariana, cuando realmente es una oleada indiscutiblemente criminal. 

Cero tolerancia frente a los desmanes que se han presentado y cero tolerancia frente a los abusos que ponen en grave riesgo la estabilidad de la región. El brutal fraude que se cometió en las últimas horas en Bolivia, por parte del chavista Evo Morales, no puede ser tolerado y debe ser enfrentado a través de mecanismos contundentes. Este episodio, no puede limitarse a “enérgicos” llamados diplomáticos. 

Si las democracias suramericanas no se emplean a fondo para poner en cintura al movimiento terrorista que está actuando en diferentes capitales, en pocos meses no habrá mucho por hacer. Maduro y sus secuaces están haciendo una apuesta dura, frente a la que la apatía no tiene espacio ni puede ser aceptable. El presidente Duque, que ha mostrado cierto liderazgo en nuestro continente, tiene el deber de hacer lo que corresponda, por lo menos para garantizar la seguridad interna de nuestro país. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 23 de 2019