El presidente Juan Manuel Santos, por estos días en Europa disfrutando de su Premio Nobel de Paz, concedió esta semana una entrevista a la emisora española Onda Cero y, en poco más de tres minutos, dijo varias inexactitudes y verdades a medias sobre el plebiscito en Colombia del 2 de octubre.

“Lo que aprendí es que los referendos… muchas veces salen muy diferentes a lo que la gente piensa o cree, porque la gente vota por razones diferentes a la pregunta que se hace en el referendo o en el plebiscito”, aseguró.

Si le entiendo bien al jefe de Estado, tal vez quiso decir que el plebiscito fue derrotado por su mal gobierno. Personalmente creo que en parte tiene razón. Lo de su mala administración es un hecho indiscutible en el país, tal como lo revelan todas las encuestas. Lo que no es justo es que nos hubiera entregado a la guerrilla a sabiendas de su infinita impopularidad. (Me refiero a la impopularidad del mandatario y también a la de las Farc).

De acuerdo con el gobernante, en los plebiscitos la gente “vota porque está indignada, vota porque no le gusta el gobierno, vota porque quiere protestar contra algo, (vota) porque no le gusta las Farc…”. Doctor Santos: ni sus principales críticos, ni siquiera el expresidente Álvaro Uribe que a veces exagera en sus puntos de vista, hubieran hecho una radiografía tan perfecta de sus seis años de gobierno. En otras palabras, si estuviésemos ante un ejercicio de selección múltiple, la respuesta obligada tendría que ser “todas las anteriores”.

En la misma entrevista, el flamante Nobel de Paz reconoció que “cuando no hay que hacer un plebiscito o un referendo, pues es mejor no hacerlo. Esa es la lección que aprendí” luego de su estruendosa derrota de principios de octubre.

A ver, creo que otra vez a Santos le asiste la razón en parte. Aunque no era su obligación someter a la opinión del pueblo los acuerdos de paz alcanzados entre su gobierno y las Farc, el hecho de haber escogido la opción contraria –el plebiscito– le obligaba a acatar la voluntad del Constituyente Primario que, hasta donde tengo entendido, está por encima de él. Es más, por su cabeza al menos debió haber pasado la posibilidad de renunciar al cargo, como lo hizo hace poco el primer ministro italiano, Matteo Renzi, tras ser vencido en un referendo.

“El resultado del plebiscito fue 50-50, porque (el ‘NO’) ganó por un margen muy estrecho”, aseguró. Presidente, volvámonos serios: usted sabe que una votación se puede ganar o perder por un voto. Los partidarios del “NO” ganamos con casi 6,5 millones de sufragios. La diferencia por la que perdió el “SÍ” fue de poco más de 50.000 papeletas. Entonces, por favor, no nos hable de empate que aquí empate no hubo. Recuerde que en el año 2000 el candidato republicano George W. Bush se hizo a la presidencia de Estados Unidos por los poco más de 500 votos que consiguió en el estado de Florida sobre su rival, el demócrata Al Gore.

Al decir de Santos, a partir del momento en que el plebiscito fue derrotado “comenzamos a hablar con los promotores del ‘NO’… y comenzamos a introducir la inmensa mayoría de las propuestas, de las observaciones” que sus voceros hicieron.

Seguimos con las inexactitudes. No es cierto que en el “nuevo” “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de un Paz Estable y Duradera” se haya introducido la mayoría de propuestas de los promotores del “NO”. De haber sido así, los caballeros de las Farc tendrían que ir a prisión, tendrían que confesar todos sus crímenes y pedir perdón por ellos, tendrían que reparar a sus víctimas y entregar el dinero que han conseguido con el narcotráfico y el secuestro y, adicionalmente, tendrían que bajarle un poco al tonito altanero y amenazante con que siempre hablan.

Pero no. Tal vez la más grande modificación entre los dos acuerdos fue el número de páginas: el primero tenía 297 y el segundo tiene 310. De resto todo quedó igual. Impunidad para los guerrilleros. Cárcel para los enemigos y críticos de las Farc. Participación en política para “Timochenko” y sus secuaces sin tener que conocer un puesto de policía. Y, lo peor, el mismo tonito sobrador y grosero de los Granda, los Santrich y los Lozada.

Finalmente, Santos comentó en Onda Cero que después de los acercamientos con los líderes del “NO” “comenzaron a llegar los apoyos de aquellos grupos (y) de aquellas personas que habían votado ‘NO’. Ahora (estaban) a favor del nuevo acuerdo. Por ejemplo…, (de) la propia Iglesia Católica…, las iglesias cristianas, los agricultores (y de) muchos de los gremios económicos… (con) los estudiantes que no habían votado se dio algo muy importante para la democracia colombiana y es que la juventud y los estudiantes salieron a las calles a llenar las plazas, más o menos arrepentidos de no haber votado, diciendo queremos un nuevo acuerdo ya”.

Que yo recuerde la Iglesia Católica, en cabeza del cardenal Rubén Salazar y de la mayoría de obispos, apoyó abiertamente las negociaciones entre el gobierno y las Farc. Que yo sepa casi todos los grupos cristianos no fueron muy tenidos en cuenta para la redacción del “nuevo acuerdo”. No tengo claro tampoco cómo es eso de que muchos gremios económicos no estaban desde el principio con las negociaciones si sus dirigentes se herniaban por tomarse la foto junto a Santos.

Y lo de que los estudiantes y jóvenes llenaron las plazas colombianas pidiendo un nuevo proceso de paz, permítanme ponerlo en duda. Tal vez el caso más sonado fue el de Bogotá, donde muchos jóvenes y estudiantes se adueñaron de la plaza de Bolívar sin entender que la marcha que valía era la del 2 de octubre donde el no ganó.

No es no Presidente , no es no corte constitucional, no es no congreso, la historia contará que el grupo terrorista y narcotraficante  más grande de la historia se convirtió en movimiento político y entro al congreso sin dejar las armas, sin dejar de narcotraficar, sin devolver a los secuestrados y sin dar verdad de nuestros niños reclutados. 

Además: el despido de la profesora Sanin de la universidad de Los Andes es la confirmación que a la clase poderosa de colombia no le gusta ser confrontada y puesta en evidencia. Le gusta autoadularse vivir en el error y cuando cada tanto aparece alguien que les cámara la tabla sencillamente la descartan , todo mi apoyo para la profesora Sanin.

@CancinoAbog