Configurada la terna de la que el Senado de la República deberá elegir en los próximos días al nuevo Procurador General de la Nación, vuelve a estar sobre la mesa el debate sobre la necesidad de mantener o no esa entidad cuya naturaleza es puramente colombiana. Es, sin duda, un ente poderosísimo en el que el Procurador es juez y parte, que aplica un modelo totalmente inquisitivo para impartir justicia disciplinaria sobre los funcionarios públicos y con una atractiva nómina que hace que muchos partidos políticos vean en aquel órgano de control un atractivo oasis burocrático.

Los ternados

De acuerdo con lo ordenado por la Constitución, el Procurador es elegido de una terna en la que el presidente, la Corte Suprema y el Consejo de Estado postulan cada uno por su cuenta a un candidato. Al final, la plenaria del Senado deberá decidir quién es la persona que ocupe por un periodo de 4 años el ansiado cargo.

El Consejo de Estado, tal y como estaba previsto desde hace muchos meses, escogió al exministro de justicia Fernando Carillo como su candidato. Carrillo contaría con el respaldo de un sector del liberalismo que lo ven con buenos ojos, pero no está claro que el gobierno lo respalde a pesar de haber sido ministro y embajador de Santos.

De nada le sirvió haber lisonjeado al presidente durante su paso por la Embajada de Colombia en España desde donde publicó y difundió un libro sobre la “estirpe” de la familia Santos. Seguramente Carrillo calculó que con aquella publicación tocaría el vanidoso corazón de su nominador para que le correspondiera ternándolo para la Procuraduría. No fue así. Tuvo que hacer lobby en el Consejo de Estado para que fuera este tribunal el que impulsara su nombre, tal y como sucedió.

Por su parte, la Corte Suprema de Justicia, por una abrumadora mayoría escogió al cuestionado exvicefiscal Jorge Fernando Perdomo como candidato suyo. Para nadie es un secreto que durante el paso de Montealegre y Perdomo por la Fiscalía General de la Nación tuvo lugar un vergonzoso maridaje entre el órgano de investigación y la Corte Suprema, donde los nombramientos y contratos a parientes, amigos y recomendados de los magistrados estuvieron a la orden del día.

Cuando LOS IRREVERENTES les preguntaron a través de un derecho de petición a los magistrados de la sala penal de la corte si tenían familiares o amigos trabajando en la Fiscalía General, la respuesta de los togados fue sorprendente: alegando derecho a la intimidad, se abstuvieron de contestar. (Puede leer “Respuesta insólita”).

Lo cierto es que Perdomo es el hombre de confianza de la Corte Suprema, ente que nunca ocultó las ganas de que él fuera Fiscal General de la Nación, razón por la que alargaron lo más que pudieron la interinidad en cabeza del abogado opita, hasta que la presión de la opinión pública los obligó, contra su voluntad, a votar y elegir al reemplazo de Eduardo Montealegre.

Perdomo, así mismo, cuenta con el apoyo del expresidente Gaviria, actual promotor del SÍ en la campaña plebiscitaria que se adelanta en Colombia.

Hace su campaña en los pasillos del Capitolio Nacional, negociando cual mercader voto a voto con quienes son sus electores. Para muchos, es claro que Perdomo usará la misma estrategia burocrática y corrupta que empleó cuando estuvo en la Fiscalía y convirtió al presupuesto y los cargos de la entidad como un bien propio del que podía disponer con total desenfreno. Así las cosas, no es descabellado pensar que su táctica se reducirá a cambiar votos por puestos en la Procuraduría.

La tercera ternada es María mercedes López, que es la candidata impulsada por Santos y por el partido conservador. Al contar con el respaldo de la Casa de Nariño, es muy posible que logre recoger buena parte de los votos de la denominada Unidad Nacional. Santos claramente quiere atajar a Perdomo y seguramente moverá todo el poder de la presidencia para lograr que su candidata logre vencer a sus rivales.

@IrreverentesCol