Cuando se habla de censura de prensa, inmediatamente la gente tiende a imaginarse a unos soldados bien chafarotes irrumpiendo en las salas de redacción y cabinas de radio, para apagar los equipos a patadas y dictarles a los redactores lo que tienen que escribir o decir mientras les apuntan con sus fusiles.

Pero con el paso de los años, la censura ha podido implementarse con mayor sutileza pero con mayor eficacia. En Colombia, por ejemplo, en el gobierno de Samper, todos los periodistas que fueron críticos del régimen, terminaron siendo castigados. Así, el noticiero QAP, uno de los que más incisivamente denunció el ingreso de dineros de la mafia a la campaña que condujo a Samper a la presidencia, al final tuvo que ser liquidado por haber perdido la licencia de funcionamiento.

Uno de los primeros nombramientos que hizo Juan Manuel Santos tan pronto asumió el poder, fue el del oscuro Juan Mesa Zuleta como consejero presidencial para las comunicaciones. Mesa, un hombre que sabe moverse entre el lodo de las conspiraciones –era el secretario privado y consejero de Samper cuando Álvaro Gómez Hurtado fue asesinado- trazó y puso en marcha un exitoso proyecto para comprar el respaldo de los grandes medios de comunicación de Colombia. Se daba por descontado que el diario El Tiempo, cuyo propietario es Luis Carlos Sarmiento, apoyaría al gobierno. Las cadenas radiales, fueron una a una inundadas de pautas oficiales y algunos periodistas se unieron a Santos más por el odio que profesan hacia el expresidente Uribe que por convicción santista, como es el caso de Darío Arizmendi, director del noticiero de Caracol Radio, quien no ha aclarado porqué tiene empresas clandestinas en Panamá con las que seguramente ha evadido millones de pesos en impuestos.

El entonces ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverri, le dio un nombre hasta tierno a la compra de conciencias con plata pública, llamándola “mermelada”. Así, la chequera oficial no sólo sirvió para comprar congresistas y líderes políticos, sino que también alcanzó para inundar a los grandes medios de comunicación.

A ello, se sumó el eficaz mensaje de la paz. Les quedaba muy difícil y hasta impopular a los periodistas dejarse encasillar como “amigos de la guerra”. Ante todo, hay que cautivar y mantener a la audiencia, razón por la que al margen de las dudas que deben albergar muchos directores y propietarios de medios de comunicación, era mejor “tragarse el sapo” de la incertidumbre antes que caer en la trampa que les tendió el gobierno cuando estableció el esquema según el cual aquel que no esté plenamente de acuerdo con el proceso que se lleva a cabo en La Habana, es, entonces, un buitre al servicio de la guerra.

Muchas voces críticas del gobierno de Santos han sido silenciadas, censuradas o perseguidas.

Poco a poco las voces críticas fueron censuradas. Los columnistas que con mayor vehemencia han enfrentado las políticas santistas fueron, poco a poco, sacados de los medios en los que publicaban sus artículos. Programas de televisión que no comulgaban con la agenda de gobierno fueron retirados del aire. El exvicepresidente Francisco Santos, fue sacado de la dirección de RCN-Radio. Y así, de manera paulatina se configuró el “unanimismo” mediático hecho a la medida de la vanidad de Juan Manuel Santos.

El papel de las redes sociales

Los inconformismos sociales siempre buscan un espacio para manifestarse. Antes de que Internet irrumpiera en el escenario, la gente se las apañaba para expresar su descontento, ya fuera a través de marchas, paros cívicos o “cacerolazos”. Como siempre, quien manifiesta su inconformismo, es tachado por el régimen de “enemigo”. En el gobierno de Samper, los que cuestionaban su alianza macabra con el narcotráfico fueron acusados de “conspiradores”. Santos, por su parte, se ha encargado de difundir la tesis falaz de que aquellos que no secundan sus pactos con las Farc son “enemigos de la paz”.

Las redes sociales han jugado un papel fundamental en la comunicación social. Cualquiera puede expresar sus opiniones, plasmar y difundir su descontento, debatir desde cualquier rincón del mundo sus ideas y defender sus tesis con la vehemencia que quiera.

Esas mismas redes sociales se han convertido en los mejores voceadores de prensa que puedan existir. El caso de LOS IRREVERENTES es ejemplo de ello. El 100% de las visitas a sus artículos en estos 2 meses de existencia, llegan a sus lectores –que son cerca de un millón al mes- gracias a las redes sociales Twitter y Facebook.

Entre más grande sea el intento del gobierno por callar las voces críticas, más intensas serán las ganas de expresarlas y difundirlas. A mayor presión, mayor será la reacción. Puede que el presidente no haga uso de la tropa para callar a sus críticos, como en su momento hizo el general Gustavo Rojas Pinilla, pero con el poder de la chequera y la capacidad represiva de su gobierno –como por ejemplo la sanción multimillonaria que le impuso a los dueños de RCN que a su vez son los propietarios de importantes productoras de azúcar que coincidencialmente fueron sancionadas con una multimillonaria y casi impagable multa impuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio- no existe la menor duda de que en Colombia la censura a la prensa sí existe.

@IrreverentesCol