En el fondo, siendo realistas, hay que aceptar que cada vez que en Colombia se posesiona un nuevo gobierno, el país en pleno abriga esperanzas de que se solucionen sus problemas, es decir, que se cumplan las promesas de campaña.

La anterior afirmación corresponde al Brigadier General retirado Adolfo Clavijo en su libro: Colombia: Un Salto al vacío, 2016; quien sostiene que, empero, con el paso del tiempo, no propiamente de los santos, las esperanzas se van diluyendo en su cruda realidad donde la frustración y el desencanto por sus gobernantes  vuelven a contestar su llamado a lista en la vida de la Nación.

Los problemas siguen, algunos de ellos quedan en estado de gravedad.

El gobierno saliente, cualquiera que sea, trata de vender la idea de sus logros históricos, que no son ciertos, procurando evadir sus cuatro años de inoperancia.

Esta situación, la de no solucionar los problemas fundamentales, como diría Álvaro Gómez Hurtado, se presenta de gobierno en gobierno no siempre en la misma proporción.

Queremos seguridad pero no queremos invertir en seguridad y defensa.

Queremos educación pero no queremos educar como debe ser. No queremos educar a los estudiantes de los colegios y las universidades públicas cuyos recintos y recursos deberían ser sagrados, como decía el profesor Mockus.

Pero, ni los recintos, ni los recursos lo son, sagrados.

Basta con darse un paseo por la Universidad Pedagógica en Bogotá.

Queremos empleo e inversión, pero clavaron a los empresarios en la última reforma tributaria con un 35%.

Queremos Transmilenio, pero no cuidamos a Transmilenio.

Queremos ser animalistas, pero no recogemos el popo del perro, o la perra, por aquello de la equidad de género.

Queremos ser igualitarios, pero quien piensa diferente se le castiga con la justicia social de las redes sociales, la nueva gillotina moderna.

Queremos un Centro Democrático pero vemos un partido que ni es de Centro, ni es Democrático, ni es Conservador.

 ¿Qué quiere decir Centro Democrático, hoy?

De tal forma que se presenta una fuerte discusión interna dentro del CD, el único partido político en el mundo que elige a sus candidatos presidenciales por medio de encuestas mediáticas y no por el voto de sus militantes, de su base.

La Cabal, quien puede tener una verdadera oportunidad diferencial frente a los 42 candidatos progresistas no la van a dejar llegar ni a la esquina gracias a la jugadita del senador Macías al interior de su partido.

No, les parece curioso que la única candidata presidencial, mujer, sea la Cabal frente a 42 candidatos de izquierda, ateos, pro aborto, pro legalización del consumo de marihuana, en contra del glifosato.

Preguntas al rompe:

¿Margarita Rosa de Francisco votaría por la Cabal, por solidaridad de género?

¿Será que a  la Cabal, le terminará pasando lo mismo que le pasó a Pacho Santos o a Samuel Hoyos?

¿Serán capaces los conservadores de verdad de salirse del CD?

¿Si existiera justicia, existiría el pacto histórico?

Por ningún lado nos salvamos. Cuando eligen candidatos diferentes porque de cuando en vez hay que romper el molde termina siendo una gran decepción, un desastre, como lo son los actuales alcaldes progresistas de izquierda en Bogotá, Cali, Medellín quienes están acabando con sus respectivas ciudades en menos de un año de gestión.

Preguntaba el doctor Fernando Londoño en su editorial de la Hora de la Verdad que: ¿Por qué el socialismo todavía tiene vigencia a pesar de sus evidentes fracasos? Porque, precisamente, doctor Londoño, como bien lo comenta Clavijo, nuestra incoherencia al momento de gobernar sumado a las manifestaciones de un mal manejo del Estado en términos generales hacen que se de ese salto al vacío.

Claro, está, que doña Claudia y su foulard lo está haciendo tan mal que hace ver al actual gobierno como una mansa paloma.

De pronto, teniendo el espejo de los alcaldes progresistas se reaccione para evitar el salto al vacío.  

Porque ni hablar del pelagato Quintero, pinturita, porque para qué.

Mientras tanto, el Consejo de Estado, le da vida a la Colombia Humana de Petro, la más inhumana de todas las Locombias. Nos merecemos nuestra suerte.

Hablando de hedonismo, para el recuerdo quedó la declaración de sombrero Castillo en la Celac: Hay que entender que la pandemia no es solo un problema sanitario, es un problema histórico…

¿Se viene el fin del peronismo en la Argentina?

Puntilla: De la silla de ruedas de Piedad, con su turbante hedonista, a la silla de ruedas de Santrich, el de las gafas, a Saab, solamente hay un paso.

Rafael Gómez Martínez

Publicado: septiembre 21 de 2021