En eso se ha convertido el debate presidencial en nuestro país. Vemos una amplia y confusa franja del espectro autodenominada como ‘centro’, la cual ni los mismos que la conforman saben bien que es o de que se trata y no tienen el más mínimo interés en definirlo porque les funciona es así, amorfo. Yo he dicho y lo reitero, que muchos de los que se identifican con este concepto, que en mi opinión es inexistente, no lo hacen por convicción ideológica, sino por una razón práctica. Les permite adoptar una posición cómoda y estratégica para cambiar de postura dada la coyuntura y seguir comiendo en el plato del Estado. 

Esta ventana le ha permitido, sin lugar a dudas, recobrar algo de oxígeno político al viejo establecimiento liberal que ya casi no lograba cargar con el peso de su propia historia. El más contento y activo, así sea desde las sombras, es el sobreviviente de Odebrecht el expresidente Juan Manuel Santos. Muy hábilmente, hay que decirlo, ha logrado reencaucharse en la cortina de humo del ‘centro’ y a lo largo y ancho de todo el tablero político.  

Mientras la prensa y la opinión continúan mortificándose por el hipotético escenario de una eventual presidencia de Petro, los santistas logran espacio en todas las toldas y coaliciones políticas. El expresidente sabe que el exguerrillero no gana en primera vuelta, que la baja popularidad de Duque y Uribe generan un espacio para otros contendores y que, eventualmente, el régimen o él, unido a la derecha, le gana a Petro en una segunda vuelta. Como buen jugador que es, minimizó los riesgos y por eso plantó a dos de sus alfiles en el Pacto Histórico, en caso de que el plan maestro falle.  

No obstante, a este análisis, le falta una variante: Uribe y la derecha. Guste o no guste, el Centro Democrático sigue siendo una fuerza importante que no se puede subestimar, como verdadero contrapeso ideológico a Petro y a los tibios de la Esperanza. Para el cálculo de Santos era necesario, teniendo en cuenta que no podía alterar los resultados de la consulta interna uribista, dividir el voto fuerte de derecha aislando al Centro Democrático. Por un lado, convenciendo a los cristianos y conservadores de que no se sometan al yugo uribista aceptando una consulta interpartidista como la de 2018 y, por el otro, forzando con su alfil Echeverry la salida de la Coalición de la Experiencia. 

Con el prematuro anuncio de la Experiencia, dos días antes de que designara el CD a Zuluaga, lograron cambiar la balanza a su favor, sobretodo para negociar con Uribe. Si bien es cierto que los ‘experimentados’ no llegan solos, los uribistas tampoco lo están. ¡La realpolitik! Petro por su lado se radicalizará más llegando a su techo y los del regimen de Santos, a punta de cálculo y complicidades, pero juntos, tendrán una buena posibilidad de llegar al poder de una manera u otra. Lo que mas ansía Santos.

@NicolasGomezMSN

Publicado: noviembre 26 de 2021