La respuesta fue definitiva, solidaria, sincera y, ante todo, adolorida. Colombia se movilizó una vez más contra el terrorismo. Fue una manifestación ciudadana espontánea y masiva, en reacción legítima al atroz atentado terrorista contra la escuela de cadetes de la policía, General Santander, en el que 20 jóvenes perdieron la vida junto al autor material del atentado, quien se inmoló en el carro que transportaba los explosivos. 

Nada justifica la acción demencial emprendida por el ELN, organización terrorista que fue tratada con toda benevolencia durante el gobierno pasado que en vez de enfrentarla, decidió tratarla como si fuera un grupo político. Esos criminales comandados por “Gabino” no conocen el significado de la palabra diálogo. Lo de ellos es la violencia indiscriminada. La voladura de oleoductos, el secuestro de civiles, el asesinato de personas inermes, el reclutamiento de menores y la detonación de artefactos explosivos en centros urbanos. 

La bomba de la escuela General Santander, no es la primera acción terrorista emprendida por esa banda criminal. Esperemos, eso sí, que haya sido la última. 

Como colombiana, como madre de familia, como admiradora de la Fuerza Pública, celebro sinceramente la actitud adoptada por el presidente Iván Duque frente al ELN. Su alocución del viernes de la semana pasada fue contundente. Dado que el ELN no quiso respetar la mano generosa que le tendió el Estado, corresponde entonces acabar de una vez por todas con el diálogo y volcar toda la fuerza estatal en contra de los miembros de esa estructura delincuencial. 

Le corresponderá a la dictadura cubana obrar en consecuencia, capturando y entregando en el término de la distancia a todos los miembros del ELN que se encuentran en esa isla. Sin dilaciones y sin encubrimientos. Tanto el Departamento de Estado de los Estados Unidos como la Unión Europea califican al ELN como una organización terrorista, denominación que obliga a la comunidad internacional a luchar en contra de ella.

En ese orden de ideas, Cuba se arriesga a continuar siendo señalada por auxiliar al terrorismo en caso de que no entregue a los negociadores del ELN que se encuentran en su territorio.

El presidente de la República tiene el deber constitucional de proteger la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos y el doctor Iván Duque está cumpliendo cabalmente con lo estipulado en la Carta Política. Si algo quedó claro en la marcha contra el terrorismo es que los colombianos no queremos que la violencia siga afincándose en nuestro país. Durante el gobierno de la Seguridad Democrática se avanzó muchísimo en la lucha contra la delincuencia. Miles y miles de integrantes de grupos armados ilegales, se desmovilizaron individualmente como consecuencia de la presión de nuestra Fuerza Pública que prácticamente dejó desarticulada a buena parte de las estructuras terroristas que operaban en nuestro país. 

Santos optó por debilitar el accionar del Ejército y la policía nacional, abonando el terreno para un reverdecimiento del terrorismo y es ahora cuando empezamos a sufrir las consecuencias de aquello. 

Nos duele el asesinato aleve de nuestros jóvenes que aspiraban a ser oficiales de la policía. Nos parte el alma el dolor que hoy sufren sus familiares. Nos entristece sublimemente la angustia que embarga en estos momentos a la sociedad colombiana que, unida como nunca antes, estrechó sus manos, alzó su voz y marchó masivamente para decirle “No más” a los terroristas que pretenden amedrentarnos.

Han quedado notificados: el pueblo colombiano, que a lo largo de su historia republicana ha logrado superar inenarrables dificultades, no se va a dejar doblegar por unos antisociales cobardes que se valen de los explosivos para imponer su voluntad, una voluntad mezquina, mafiosa y criminal. 

Somos un país que marchó y que en esa caminata pacífica pero vehemente, dejó claro que a pesar del luto que nos produce la muerte de nuestros cadetes, estamos en pie de lucha, listos a enfrentar a los criminales, estén donde estén.

@MargaritaRepo

Publicado: enero 21 de 2019