Con dolor recuerdo aquellos años donde los colombianos escuchábamos explotar bomba tras bomba, donde las noticias de policías muertos no paraban y donde cada líder que decidía enfrentarse al narcotráfico se convertía en objetivo militar.

A mi generación le tocó sufrir esta realidad y todos fuimos víctimas de alguna forma de esta tragedia nacional conocida como narcotráfico. Aún recuerdo que, durante mi juventud, tuve que ver cómo mataban a un amigo por enamorarse de la novia de un traqueto. También conocí cómo a un miembro de la junta directiva de un colegio de la ciudad, fue asesinado simplemente por oponerse a la entrada de los hijos de los mafiosos a la institución. La mayoría de nosotros nos teníamos que abstener de ir a discotecas por el miedo que reinaba en mi ciudad y en gran parte del país. Vimos como la nación se llenaba de mártires, hombres que de la manera más valiente decidieron atacar de frente el cáncer más grande que ha tenido Colombia, y el cual sigue carcomiendo y amenazando la institucionalidad de la nación.

Sin embargo, pese al grave sufrimiento que ha generado el narcotráfico en nuestro país, las miles de víctimas, las familias destruidas y la corrupción en las instituciones, todo esto no parece haber sido suficiente para concitar un gran acuerdo nacional para enfrentar y erradicar definitivamente este flagelo.

Hoy en Colombia vivimos una situación que a todas luces parece inverosímil. Algunos líderes nacionales tomaron la decisión de quitarle al Estado la posibilidad de tener en sus manos las herramientas para luchar de frente contra este monstruo de mil cabezas. ¿A quién se le puede ocurrir esto?

Está comprobado que cada vez que el gobierno saca el pie del acelerador en la lucha contra las drogas, las consecuencias son devastadoras. Hoy vivimos en un país inundado de cultivos ilícitos como herencia de la permisividad y el apaciguamiento durante varios años. Existen lugares de Colombia donde las cifras de homicidio crecen como consecuencia de la presencia criminal del narcotráfico, en estas zonas las fuerzas militares y de policía son mutiladas por cumplir con su labor de proteger al pueblo colombiano. El dinero que se genera alrededor de la ilegalidad, se usa para financiar todo tipo de actividades criminales que ponen en jaque la institucionalidad colombiana y la tranquilidad de la ciudadanía.

Pero el narcotráfico no solo nos trae un problema de seguridad nacional, que ya es lo suficientemente complejo como para que todos los colombianos nos pusiéramos de acuerdo para usar toda la fuerza del Estado para combatir este cáncer, sino que se ha convertido en un generador de importantes problemas de salud pública. El aumento de la oferta interna de drogas ha llevado a los delincuentes a captar nuevos clientes, estimulando el consumo a través del microtráfico, en las puertas de colegios, en las universidades y en los parques. Lo cierto es que estos criminales no tienen escrúpulos y han logrado que el consumo de drogas en Colombia aumente año tras año y que cada vez se inicie a menor edad.

Lo cierto es que aunque parezca absurdo, hoy en Colombia hay quienes buscamos concentrar todas las armas para enfrentar con contundencia este flagelo y quienes prefieren la permisividad y el apaciguamiento sin importar las fatales consecuencias que están trayendo al país.

Hoy, en varios espacios de toma de decisiones estamos perdiendo el pulso que nos permitiría dar la pelea para contener las graves amenazas que implica la expansión del narcotráfico en nuestra sociedad. En estos escenarios se buscan y rebuscan argumentos para quitarle al Estado herramientas como la extradición o la fumigación aérea, las cuales han demostrado tener un papel fundamental en la lucha contra el narcotráfico. Es aquí cuando la ciudadanía, que es la que debe Pararle-Bolas a esta situación, debe exigirle a sus líderes, que promuevan un gran acuerdo nacional que fije como prioridad de interés nacional la lucha frontal contra el narcotráfico. Sólo así lograremos proteger nuestra institucionalidad, salvar miles de vidas y proteger a los hogares colombianos.

@gabrieljvelasco

Publicado: mayo 6 de 2019