No es nuevo el odio que Petro y sus conmilitones del M-19 profesan contra el industrial Luis Carlos Sarmiento, quien valga decirlo es uno de los principales promotores del desarrollo económico de nuestro país.

Ahora, la obsesión de Petro consiste en derrotar a Sarmiento Angulo, tratándolo de vincular con la trama de corrupción de Odebrecht. No hay prueba alguna que apunte a que él o su hijo hayan participado, coadyuvado, conocido o autorizado el pago de sobornos, práctica que fue común y generalizada por Odebrecht, empresa que ha sido vetada en buena parte de nuestro continente y a la que el presidente Iván Duque ha pedido ser ejemplarmente sancionada por la superintendencia de Industria y Comercio, hoy en manos del jurista Andrés Barreto, un funcionario de la más alta categoría y, a diferencia de su antecesor, totalmente incorruptible.

Nadie puede sorprenderse por el hecho de que Petro tenga entre ojo y a ojo al empresario Sarmiento Angulo, quien desde hace más de 35 años ha sido víctima de la banda delincuencial M-19.

En febrero de 1983, la entonces estudiante de arquitectura de la universidad de los Andes, Sonia Sarmiento Gutiérrez, fue salvajemente secuestrada por un comando armado del M-19 que se mimetizó en aquel claustro universitario.

Ella, una de las hijas de Luis Carlos Sarmiento, estuvo en poder del M-19 durante más de 5 meses y en aquella época se aseguraba que la guerrilla exigió la astronómica suma de $25 millones de dólares por su rescate, cifra que en plata de hoy ascendería a $57.3 millones de dólares.

La banca y los ricos han sido dos de los objetivos de Petro. Sus discursos incendiarios y la agresividad con que sus seguidores han emprendido acciones de matoneo virtual contra el grupo Aval, son el resultado de una larga campaña de odio que empezó a enervarse a comienzos de la década de los 80 del siglo pasado cuando el M-19, estructura a la que Petro pertenecía desde 1977, secuestró a la hija del principal accionista de ese conglomerado bancario, Luis Carlos Sarmiento Angulo.

Nadie pide impunidad para Odebrecht. De hecho, ha sido el uribismo la corriente política que con más vehemencia ha denunciado la corrupción de esa empresa que financió las dos campañas de Juan Manuel Santos y pagó parte de los honorarios del publicista de Óscar Iván Zuluaga, dos hechos que son innegables y que merecen todo el repudio y rechazo social y político.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre. La obsesión de Petro por destrozar a Luis Carlos Sarmiento Angulo no es nueva. Viene de tiempo atrás. En 1983 su banda terrorista secuestró a la hija del empresario. 35 años después, desde el Senado, el mismo Petro se está encargando de acriminar a quien es, sin duda alguna, el industrial más importante y respetable de nuestro país.

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 5 de 2018