Ojalá el Fiscal General, Néstor H. Martínez logre desmontar cuanto antes el entramado de corrupción que erigieron Montealegre y Perdomo.

Con la llegada del nuevo Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, Colombia espera ansiosamente que se le ponga fin al estilo politiquero con que Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo manejaron durante los últimos 4 años a esa entidad, en la que sus malquerientes políticos fueron perseguidos de manera inclemente y arbitraria.

Martínez es un hombre que ha ocupado las más altas dignidades de la República y el poder no le es ajeno. Como abogado, atendió los procesos más importantes del país, razón por la que se ha consolidado como un excelente profesional y un hombre ponderado y respetuoso del ordenamiento legal.

A diferencia de su antecesor, el nuevo Fiscal General, no se valdrá de su cargo para mostrarse ante la sociedad, pues ésta ya sabe quién es él. Así mismo, merece el aplauso de toda la sociedad los anuncios que ha hecho en el sentido de que no utilizará el billonario presupuesto del órgano de investigación para satisfacer sus intereses personales, asignando abultados contratos a sus amigos y amigas, como hicieron Montealegre y Perdomo.

Bueno sería que la nueva administración hiciera un corte de cuentas y le muestre al país el resultado de los contratos celebrados por la anterior administración, pues no es aceptable que en un país democrático un par de funcionarios utilicen la chequera pública a su antojo y no le cuenten a los ciudadanos porqué lo hicieron y, sobre todo, si era pertinente hacerlo.

La justicia es el rey de burlas de los colombianos. El nivel de confianza que ella despierta es muy reducido por cuenta de la manera absurda con que Montealegre y Perdomo ejercieron el poder. No fueron transparentes en la administración de los recursos ni en el ejercicio del poder acusatorio.

La intromisión de la fiscalía en las elecciones presidenciales de 2014 fue la prueba reina del talante politiquero de Montealegre. El espectáculo que se montó entre la primera y la segunda vuelta tenía un objeto clarísimo: enredar la victoria del candidato del Centro Democrático y, de paso, dejar con un pie en la cárcel al candidato uribista, a su asistente espiritual y a su hijo.

El caso de Santiago, hermano menor del expresidente Uribe, merece mención especial. Durante más de 15 años se le ha venido investigando por unos supuestos vínculos con una estructura armada ilegal que operaba en Yarumal, Antioquia. Como casi todos los procesos contra el uribismo, el de Santiago Uribe está erigido sobre el testimonio mentiroso, contradictorio e inexacto del testigo, que es un exoficial corrupto de la policía.

Montealegre, el mismo que metió a la cárcel a Sigifredo López sin prueba alguna y que no movió un dedo para avanzar en la investigación contra el desfalco en la salud propiciado por Saludcoop, sospechosamente evolucionó, sin mayor sustento jurídico la investigación contra Santiago Uribe, ordenando se le dictara medida de aseguramiento, librando en contra de él una orden de captura con un insoportable tufo político.

La inocencia de Santiago Uribe está más que confirmada. No existe ni una sola prueba material que lo incrimine. No obstante, la fiscalía de Montealegre se obsesionó con él para desestabilizar políticamente al Centro Democrático, el principal partido de oposición de Colombia.

 

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Acto de posesión del nuevo Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez.

 

Un nuevo aire en la Fiscalía General

Los primeros anuncios del nuevo fiscal Martínez permiten prever que, para bien de nuestro país, la justicia empezará un necesario proceso de despolitización y de depuración. Para la sociedad resulta perfectamente intolerable que, con los problemas de impunidad que aquejan a nuestra nación, la Fiscalía ejerza como un directorio político en el que se reparten contratos a diestra y siniestra para pagar favores personales.

Y sobre ese par de asuntos que son neurálgicos, Néstor Humberto Martínez se pronunció en su discurso de posesión en la Casa de Nariño. No será fácil ni rápido desmontar el entramado de corrupción que durante años construyeron Montealegre y Perdomo, pero si la decisión política del nuevo fiscal es la deponerle fin a la sinvergüencería que impera en el bunker de la Fiscalía General, más temprano que tarde, los colombianos podremos empezar confiar nuevamente en nuestra administración de justicia.

@IrreverentesCol