La decisión de la fiscalía general de la nación de solicitar una audiencia para pedir que se decrete una preclusión a favor de Álvaro Uribe, es justa porque termina por confirmar lo que desde el primer momento se ha expresado: el expresidente ha sido víctima de un montaje judicial en el que participaron magistrados corruptos, sectores neocomunistas aliados del terrorismo y periodistas con añejas alianzas con la mafia.

El fiscal Gabriel Ramón Jaimes, encargado de investigar al doctor Uribe, no tenía camino distinto que el de pedir la preclusión. La razón es simple: en el expediente fabricado por la corte suprema de justicia, abundan las irregularidades, pero escasean las evidencias.

Uribe fue entrampado por sus enemigos que se valieron de un proceso penal amañado para destrozarlo políticamente. Muchos decían que los magistrados no se atreverían a ordenar su encarcelamiento. Se equivocaban de punta a punta. Al decir popular, no iban a matar al tigre y asustarse con su cuero.

El asunto judicial no ha terminado. A esta historia aún le faltan muchos capítulos, pero lo cierto es que muy pronto, cuando tenga lugar la audiencia pública en la que la fiscalía esgrimirá los argumentos para sustentar su solicitud de preclusión, se harán más evidentes las irregularidades y las falsedades dentro de la investigación contra el exmandatario de Colombia.

¡Claro que habrá Uribe para rato! Sus enemigos políticos planearon sacarlo del camino a través de una investigación espuria y no lo lograron.

Su honorabilidad se mantiene incólume. Es evidente que la farsa ha tenido consecuencias. Eso se explica en el decaimiento de su imagen favorable. Y no es para menos. Un ser humano sometido al escarnio y toda suerte de vilipendios durante más de dos años, sí o sí termina viendo una afectación de su buen nombre.

Pero Colombia conoce a Uribe. El no es persona que se arredre ni se rinda ante los desafíos, por grandes que estos resulten.

Su designio de vida, además de defender su proceder -que es impecable-, es el de trabajar por Colombia hasta el último minuto.

Por eso, el uribismo toma un nuevo aire. Esa corriente política, que continúa siendo la mayoritaria en el país, tendrá a Uribe en pie de lucha democrática, haciendo propuestas, liderando alianzas, atendiendo diálogos ciudadanos, defendiendo al gobierno Duque y planeando los detalles para la campaña de 2022, donde está en juego la supervivencia de la democracia de Colombia.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 9 de 2021