La crisis actual ha sido el escenario ideal para dejar en evidencia algo que era un secreto a voces en el marco del orden internacional: vivimos en un mundo acéfalo; brilla por su ausencia un liderazgo fuerte, robusto, y fraterno que ayude a administrar de manera precisa la lucha contra la pandemia del Coronavirus y que potencialice los caminos para la reactivación económica mundial. El futuro es incierto. Los esfuerzos han estado principalmente circunscritos al plano autónomo de cada país, algunas colaboraciones bilaterales, y un marco multilateral que parece no dar pie con bola en la atención del Covid-19.

Lo anterior no es solo una opinión particular. El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres ha sido claro en recalcar lo infortunado que ha sido la búsqueda que un liderazgo sólido dentro de la comunidad internacional para afrontar la crisis. Esto es paradójico en tanto es el Sistema de Naciones Unidas la respuesta histórica para preservar en tiempos como estos la vida, la seguridad, y el progreso social y económico.

Y es que no podemos ser ajenos a las respuestas mundiales del Siglo XX; cada conflicto derivó necesariamente en el posicionamiento de unas figuras con capacidad de poner a gravitar a su alrededor la construcción de las soluciones a las grandes crisis sociales, económicas, bélicas y en general, aquellas que pusieron las vidas humanas y la seguridad internacional en vilo durante años. La I Guerra Mundial atrajo como respuesta la Liga de las Naciones, la II, las Naciones Unidas,  el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El apoyo multilateral en el desarrollo de la vacuna se traduce en la mayor inversión y respuesta a una crisis que ya ha detonado la economía mundial y ha acabado con miles de vidas, empleos y empresas. Posiblemente estamos ad portas del mayor golpe económico desde la Segunda Guerra Mundial; preocupan las vidas que se han perdido, pero no podemos perder de vista que una respuesta internacional eficiente requiere priorizar la vida y procurar una recuperación económica de manera simultánea.

La idea no es pedir que se creen nuevas herramientas o instituciones multilaterales; por el contrario avoco a la necesidad de generar liderazgos fuertes que tomen el timón de los instrumentos actuales para conducir a buen puerto a todas las naciones. Esta crisis llegó en un momento de desconcierto social: EEUU convulsionado internamente y con conflictos comerciales hacia el exterior; la Unión Europea aún no se termina de recuperarse de la última crisis económica, fracturada desde el Brexit, y con las figuras de Merkel y Macron como las únicas capaces de mantener la unión. Ni hablemos de America Latina, donde los esfuerzos de cooperación no han logrado cohesionar.

Necesitamos el resurgir del  liderazgo internacional, uno capaz de combatir las visiones cortoplacistas, uno que vaya más allá del agregado de los intereses locales, uno que genere confianza y tracción de arrastre. Si algo nos han enseñado las grandes crisis mundiales pasadas y esta pandemia no será la excepción, es que el único camino para avanzar hacia un mejor mañana es unidos.  

@gabrieljvelasco

Publicado: julio 7 de 2020