Con un participación de más del 58% del censo electoral, se cumplieron las esperadas votaciones regionales, en las que el Centro Democrático -partido de gobierno-, sufrió un tremendo revés. 

Ciudades clave como Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, se perdieron. En Antioquia, considerado la “meca” del uribismo,  el candidato del Centro Democrático, Andrés Guerra Hoyos, perdió por más de 160 mil votos, frente a Aníbal Gaviria, quien se impuso en casi todos los municipios de ese departamento. 

A las cosas hay que llamarlas por su nombre: ni los uribistas más pesimistas, imaginaron que la derrota iba a ser de semejante tamaño. 

No se trata de buscar responsables, ni de impartir culpas desde la comodidad de una redacción periodística. A los políticos uribistas, siempre hay que reconocerles su valentía, su disciplina y su vocación de trabajo honesto e incansable. 

El amargo resultado del 27 de octubre, es el síntoma indiscutible del descontento ciudadano con el gobierno nacional, presidido por el doctor Iván Duque. El voto castigo sí existe y ese se hizo sentir en las recientes elecciones. 

El presidente Duque es un hombre decente, bienintencionado y preparado. Tiene en mente un admirable proyecto de país, pero claramente no ha logrado enganchar con los ciudadanos. 

Desde el comienzo de su administración, hace 14 meses, ha tenido graves dificultades para comunicar, para lograr atraer al pueblo y, sobre todo, despertar el fervor alrededor de su gobierno. 

Además del evidente descontento ciudadano -empezando por el de sus electores-, en la dirigencia uribista se registra una suerte de marchitamiento en el fervor gobiernista. Muchos de ellos, por motivos de interés político elevan sus críticas en privado. Hace pocos días, en el Club El Nogal, un nutrido grupo de parlamentarios del Centro Democrático, hicieron fuertes reparos en una reunión sostenida con la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez. ¿Ella le habrá informado al presidente Duque sobre el resultado de ese encuentro?

Pero lo cierto es que la debacle electoral registrada el pasado domingo, es una maravillosa oportunidad para que el señor presidente Iván Duque adelante una serena, profunda y sensata reflexión, con el propósito de introducir los cambios urgentes y necesarios que demanda su gobierno. Recomponer y acometer: esa tiene que ser la consigna general del presidente, a quien el uribismo debe seguir brindándole su generoso respaldo. 

No es hora, ni mucho menos, de abandonar al presidente Iván Duque. Él merece una nueva oportunidad por parte de quienes alentaron, desde el comienzo, su precandidatura, de aquellos que lo impulsaron para imponerse en la consulta interpartidista y, por supuesto, de los millones de ciudadanos que lo llevaron a la primera magistratura de la nación. 

El presidente Duque, así mismo, debe entender que el resultado del 27 fue un preocupante avance de la izquierda extrema. Él, ya tiene su destino definido, pero aquello no lo exime del deber patriótico de garantizar que nuestro país no entre en 2022, por la senda populista y antidemocrática que se ha enervado en América Latina. 

El mensaje es muy claro: al margen de quién o quiénes son los responsables de la aplastante derrota, esa misma que con valor patriótico y admirable entereza asumió el presidente Uribe al decir “perdimos, reconozco la derrota con humildad. La lucha por la democracia no tiene fin”, lo cierto e indiscutible es que el resultado arrojado por las urnas, es una invitación para que el presidente de la República, Iván Duque, haga un replanteamiento integral de su gobierno. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 28 de 2019