Ya que a Juan Manuel Santos y a su gobierno les gusta tanto utilizar la palabra “histórico” o la frase “como nunca antes”, que aprovechen la oportunidad actual para titular su monumental fracaso en la lucha antidrogas y titulen su descalabro diciendo: “histórico, como nunca antes en la historia Colombia está nadando en coca”.

Tengo presentes las palabras del entonces Procurador General de la Nación Alejandro Ordóñez, quien luego de haber sido el único voto a favor por mantener la aspersión aérea con glifosato, al salir de un consejo de estupefacientes dijo: “el país nadará en coca y las Farc nadaran en dólares”, pues dicho y hecho, porque es la cruel realidad.

Después de la herencia repudiable que nos dejaran los narcotraficantes de los años 80 y 90, la estrategia de la mafia fue variada, ya no serían peces gordos los que estarían a cargo del tráfico de alucinógenos, sino que dicha actividad quedaría a cargo de estructuras organizadas, las cuales mantendrían un perfil más bajo, pero con mayores rendimientos a la hora de intercambiar toneladas de cocaína por enormes cantidades de dólares provenientes del extranjero. 

Luego de la caída del Muro de Berlin la financiación por parte de la Unión Soviética a grupos guerrilleros como las Farc llegó a su fin, fue entonces cuando decidieron pasar de ser simples cuidanderos de los laboratorios de cocaína y las rutas del narcotráfico, a ser los dueños del negocio. ¡Aquí que no nos vengan a engañar con el cuentico que ellos se dedicaban a la floristería y los cuidados de la huerta! 

La guerrilla de las Farc se convirtió en el principal cartel de cocaína en el mundo, tanto así que como lo hemos sostenido, si Pablo Escobar viviera hoy sería un simple lugarteniente de ese clan superpoderoso. Y fue precisamente con esos crimínales con los que el Presidente de la República decidió sentarse a negociar.

Podría uno entender que en aras de desmantelar esa enorme organización delictiva se abriera un canal de comunicación entre las partes, pero con condiciones muy precisas, es más el dialogo que proponemos sería corto y directo: – ¿están dispuestos a dejar el negocio de la droga, entregar las rutas del narcotráfico y dedicarse a la sustitución de cultivos ilícitos a cambio de rebajas en la condena fruto del delito? Ante esa pregunta sólo se puede responder de forma afirmativa o negativa, ahí no caben tintas medias.

Pero no, Santos decidió sentarse y negociar la institucionalidad con una banda de mafiosos que durante décadas no han tenido otro oficio más que el de torturar al pueblo colombiano. Y de la droga ni una sola palabra, es más se atrevieron a negar su participación en el negocio. 

Creyeron Santos y sus contertulios de las Farc que el gobierno norteamericano guardaría silencio para siempre y no develaría lo que a todas luces es una realidad: Colombia como nunca antes es un mar de coca.

@MiguelCetinaC   

Publicado: junio 27 de 2018