Esta ha sido una de las campañas más sucias en la historia reciente de nuestro país. Un sector de la rama judicial, particularmente de la corte suprema de justicia, se ha entregado a fondo en la tarea de atajar al expresidente Uribe, líder indiscutible de la oposición en Colombia.

Los enemigos de Uribe se han valido de toda suerte de artimañas para entorpecer el triunfo del Centro Democrático en las elecciones parlamentarias del 11 de marzo. Desde hace más de 5 años, una activista de los derechos humanos, la señora María McFarland tenía un libro sobre la vida del activista asesinado Jesús María Valle. Resulta bastante sospechoso que aquel libro haya salido al mercado faltando 12 días para las elecciones.

En el trabajo de McFarland, intitulado There are no dead here –Acá no hay muertos- se intenta vincular al presidente Uribe en actividades ilícitas. En la página 118, la autora hace una afirmación carente de todo sustento: “Críticos también acusan a Uribe de ser, cuando menos, tolerante con el paramilitarismo, fundamentados por su apoyo al programa de las Convivir cuando él fue gobernador de Antioquia”.

Si Uribe hubiera sido tolerante con el paramilitarismo, tal y como asevera la señora McFarland, ¿cómo entender que bajo su gobierno, se aprobó la ley de justicia y paz que obligó a los autores de crímenes de lesa humanidad a pagar 8 años de cárcel, los jefes de las desaparecidas AUC fueron extraditados por orden suya y además se impidió que los miembros desmovilizados de las autodefensas pudieran participar en política?

Otro elemento consignado en el libro –página 61-, al que McFarland le da plena credibilidad, fue a una declaración que Jesús María Valle le dio a los investigadores que seguían la masacre de El Aro, hecho ocurrido el 22 de octubre de 1997.

Según la autora, Valle declaró que “siempre vi y entendí que había algo parecido a un acuerdo tácito hábilmente perfeccionado entre el comandante de la Cuarta Brigada, el comandante de la Policía de Antioquia, Dr. Álvaro Uribe Vélez, Dr. Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño…Por falta de acción de Álvaro Uribe y Pedro Juan Moreno, yo entendí que en esos tres años hubo una alianza  en Antioquia en la que, con el pretexto de actuar contra la guerrilla, se atacó a la población civil indefensa y se fortaleció el comercio de drogas”.

Jesús María Valle fue asesinado el 27 de febrero de 1998 en su oficina de Medellín. Es un crimen que debe ser investigado y sus responsables castigados. Es evidente que el presidente Uribe y Valle tenían diferencias de fondo. Mientras Valle acusaba a la Fuerza Pública de estar concertada con grupos armados organizados al margen de la ley, Uribe, en su condición de gobernador, defendía la honorabilidad de los miembros del Ejército y la Policía. Valle, en sus acusaciones nunca allegó pruebas, más allá de sus señalamientos virulentos, particularmente contra el general Carlos Alberto Ospina, un oficial de la más alta categoría que, por demás, es hoy en día un reputado catedrático en los Estados Unidos.

El libro de McFarland tiene al cuestionado Iván Velásquez como una de sus fuentes principales. Para nadie es un secreto el odio visceral que Velásquez ha observado en contra de Uribe a lo largo de los años. Aquel elemento le resta objetividad y credibilidad al libro en cuestión, en el cual no se nota mayor rigor investigativo.

Lo anterior se confirma con el hecho de que la autora, que también se concentró en el caso del accidente aéreo en el que Pedro Juan Moreno perdió la vida, le haya dado plena credibilidad a un rumor que le repitió el jefe paramilitar extraditado, alias Don Berna en el sentido de que el helicóptero en el que viajaba el industrial fallecido fue intencionalmente manipulado para provocar su precipitación a tierra.

Así mismo, McFarland, que en el libro maltrata reiteradamente al general Rito Alejo del Rio, resolvió retomar una declaración suya respecto de ese caso. Según ella, “en 2010, el general Rito Alejo del Río, declaró ante los investigadores que el choque del helicóptero en el que murió Moreno, no fue un accidente. Moreno, aseveró del Río, fue asesinado” (página 273).

A renglón seguido, McFarland citó los correos electrónicos que sobre ese particular se cruzó con alias Don Berna: “En respuesta a unas preguntas escritas para este libro, Don Berna declaró que Pedro Juan Moreno murió como resultado de un ‘sabotaje’ al helicóptero en el que él viajaba [fue] ‘una acción llevada a cabo por órdenes de Uribe’”.

Por esa afirmación, contenida en la página 273, la autora y los editores del libro seguramente deberán responder en una corte en los Estados Unidos, toda vez que cuando se conoció la existencia de esa afirmación, el jefe paramilitar Don Berna emitió un comunicado en el que aseveró que “no me consta, ni tengo pruebas con las cuales se incrimine o que comprometan al señor Álvaro Uribe Vélez con delito alguno”.

Así mismo, alias Don Berna declaró en aquel comunicado que él le aseveró a la señora McFarland que la supuesta participación de Uribe en la muerte de Pedro Juan Moreno era “un chisme”.

Algo que evidencia el sesgo ideológico del libro es que la autora no quiso mencionar los informes técnicos, realizados por peritos norteamericanos, en los que se concluyó que el helicóptero se accidentó por cuenta de un error humano del piloto, el capitán Moncada.

Lo cierto e incontrovertible es que el libro de McFarland, a lo largo de sus 305 páginas tiene un objetivo claro: vincular al expresidente Uribe en delitos gravísimos como las masacres del Aro y La Granja y las muertes de Jesús María Valle y Pedro Juan Moreno.

Y , por supuesto, lo más conveniente es haber sacado el libro a pocas horas de que los colombianos concurran a las urnas para elegir al nuevo Congreso y al candidato de la coalición opositora liderada, precisamente, por el presidente Uribe.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 1 de 2018