He leído con detenimiento la excelente  recopilación sobre  la deshonestidad que Juan Manuel Tafurt hace en su libro  “Los Colombia-nos  somos (des)honestos”. Todos los elementos que intervienen en la decisión son expuestos y en un análisis juicioso explica las motivaciones que llevan al individuo a perder los escrúpulos.

Vale la pena leerlo y discutirlo.

Entre las explicaciones señaladas por JMT, las personas  hacen un proceso de evaluación antes de cometer los actos criminales y tienen en cuenta tres elementos:

  • El beneficio que recibe un actor de una acción criminal
  • La probabilidad de ser cogido
  • El castigo esperado de llegar  a ser  cogido

Esta es la teoría utilitarista  del nobel  Gary Becker, decisión racional y motivación económica. Se describe como Test del Modelo Simple de Crimen Racional. Es el cerebro económico, que mediante un proceso lógico de análisis y cálculo, interviene en la toma de decisión de un acto deshonesto. Es la inteligencia al servicio de la maldad. Aclaramos: no es la única motivación  pero focalicémonos en lo que significa un gran negocio.

Veamos este caso hipotético no tan alejado de nuestra cruda verdad. Este profesional de 40 años está en un cargo público o privado; lo seducen con lisonjas y lo sobornan con  la miel del ilícito: 1 millón de dólares. Piensan en todos los accesorios y lujos que puede obtener (recompensa inmediata). Le garantizan que nadie lo va a pescar y que el ilícito nunca saldrá a flote (que ingenuo: para robar en un cargo público se necesita más de uno). De cómplice se pasa a delator con una velocidad asombrosa. Racionaliza que tendría solo un 50% posibilidades  de ser atrapado: “vale la pena el riesgo”. Y en el peor de los casos si es atrapado, negocia. Periodo de oportunidad, delación anticipada y aceptación de responsabilidad.  El castigo es flexible: pide como condición casa por cárcel sin devolver lo obtenido. Permanece  cómodo  unos añitos y al salir tiene una cuentica segura de 750 mil dólares para gastarlos. Atiendo a mis amigos y a los más resistentes los compro. El dinero cual hielo, enfría la sanción social. Es un proceso lógico, premeditado: es un golpe criminal. Su castigo, también racional, debe ser equivalente.

Hechos recientes nos demuestran que  es ingenuo pensar y contar en este país con un Legislativo que contribuya a formar el cerebro ético de los colombianos. No se comprende porque los propósitos nacionales no tienen cabida en el Capitolio. No puede existir grises en este aspecto: la recompensa y el castigo deben tener una claridad meridiana .La norma contundente es un clamor nacional: quien defraude y robe los recursos públicos, después de un proceso judicial transparente, debe asumir su responsabilidad en la cárcel. No más casa o mansiones  por este delito y darles donde más duele: la devolución del dinero que no les pertenece.

Llora  el cielo cuando los que se han robado la nutrición, las medicinas, las terapias y estímulos  de los desprotegidos,  arquitectos del buen cerebro, disfruten del ilícito. Estos cuatreros que le han desvalijado a nuestros niños, abandonados  neuronales,  su más preciado tesoro: la capacidad de aprender. Los han dejado sin terreno para que germine la sociedad del conocimiento. Y mientras, nosotros: sociedad autista, permisiva e indolente.

La impunidad y la justicia con privilegios: virulentos escollos  para consolidar lo que nos falta en esta patria: universales éticos.

@Rembertoburgose

Publicado: junio 28 de 2019