La acertada decisión de la sección quinta del Consejo de Estado de declarar nula la elección de la castrochavista Ángela María Robledo, ratifica que ni ella ni ningún otro revoltoso de la extrema izquierda están por encima de las leyes que sancionan ejemplarmente la doble militancia. 

La señora Robledo claramente violó las normas electorales, por cuanto no renunció un año antes de su inscripción como fórmula de Gustavo Petro al partido Verde, colectividad por la que ocupó una curul en la Cámara de Representantes durante el cuatrienio comprendido entre 2014 y 2018. 

La Robledo, enfermiza perseguidora de todo lo que no sea de extrema izquierda, creyó que con sus amenazas, insultos, agresiones, calumnias y señalamientos, lograría amedrentar al Consejo de Estado, tribunal que evidentemente ha fallado en derecho al declarar, por una votación de 3 contra 1, que su elección como representante a la Cámara es inválida, independientemente de que haya llegado a ella como consecuencia de haber perdido las elecciones presidenciales del año pasado.

Realmente fue una soberana majadería el haber establecido que quienes ocupen el segundo lugar en unas elecciones presidenciales tendrán asiento en el Senado -el candidato a la presidencia- y en la Cámara -el aspirante a la vicepresidencia-. Esa norma, que es un reflejo de estupidez, debería ser derogada cuanto antes.

Pero lo cierto es que la Robledo, caracterizada por sus salidas en falso y reacciones descontroladas, tendrá que abandonar de inmediato su curul. Con ello, gana el Estado de Derecho y el propio Congreso que no tendrá que seguir soportando las agresiones e insultos de la hasta hoy congresista afín a las Farc. 

Sin duda ninguna, el del Consejo de Estado fue un fallo adoptado con apego irrestricto a las normas, una señal de que en la administración de justicia criolla aún queda uno que otro resquicio de transparencia y verticalidad. 

@IrreverentesCol

Publicado: abril 25 de 2019