Una de las maneras de cambiar un Estado acostumbrado a la violencia es con la práctica de las actividades culturales y las artes, dándole un enfoque de nueva economía. Así le sucedió al imperio romano cuando acostumbrado a someter a los pueblos atraves de las armas, en una sociedad concebida para la guerra, se encontró al invadir a Grecia con la fascinación de sus costumbres. Roma no estaba preparada para enfrentarse culturalmente a Grecia y Oriente y sucumbió ante sus encantos.

Apartes de la historia romana describen así estos preciosos momentos:

Cuando los romanos entraron victoriosos en Atenas, quedaron fascinados por la belleza de su arte, el refinamiento de su filosofía, y la dulce musicalidad de un idioma concebido para el razonamiento. Los nobles romanos comenzaron a copiar las esculturas griegas, enviar a sus hijos a aprender su idioma, asistir a sus representaciones teatrales, y deleitarse con la música y la poesía llegadas de Oriente. Los más conservadores, escandalizados, aseguraban que eso sería el fin del espíritu romano, y que las delicadas costumbres griegas conducirían a la ciudad, después de tanto esfuerzo, a la decadencia. No podían estar más equivocados. Tras asimilar la cultura griega, Roma, que ya dominaba el Mediterráneo por la fuerza de las armas, comenzó a hacerlo también por la potencia de su civilización, que extendió, como un inesperado regalo, por todos los rincones del mundo conocido, sembrando con ello las semillas de la cultura occidental.

Por eso debajo la piel de la historia de Occidente casi todo los inventos son de origen romano, por la sencilla razón que cambiaron su pensamiento de la guerra a la creatividad.

Colombia tiene que dar un vuelco no solo para enfrentar su problema ontológico de violencia sino también el de su estancada economía, donde enfrentaría con un solo proyecto dos inconvenientes.

Nunca hemos sido un país petrolero. Siempre hemos vivido de la comodidad de los “commodities”, a no transformarlos y a vivir de ellos porque es lo más “fácil”, y no requiere de mayor conocimiento. Qué lejos quedo atrás entonces el tiempo de la bonanza petrolera, sobre todo cuando a futuro nuestra “vida petrolera” es muy corta.

Es hora de empezar a pensar como los romanos y cambiar radicalmente esas costumbres y darle notable impulso al proyecto “economía naranja” del senador Iván Duque.

La “economía naranja” no es otra cosa que la generación de ideas y conocimiento, su concepto abarca esencialmente la industria de la cultura; todas las artes, entretenimiento, gastronomía, educación, deporte, investigación, tecnologías, telecomunicaciones.

Esta economía, mezclada con el turismo será un detonador de mucha riqueza, donde en Colombia, a lo largo y ancho, y durante todo el año, hay más de 125 festivales y más de 80 ferias culturales.

Estos, sumados a la industria turística, traerá turismo internacional, como también incentivara el consumo interno, que es la actividad que mayor incidencia tiene en el crecimiento del PIB. Colombia es quizás el país con más festivales en el mundo, lo cual denota su espíritu festivo.

¿Qué país entonces puede vivir en guerra con tanta festividad?

@rodrigueztorice

Publicado: marzo 2 de 2017